Mal Agudo de Montaña

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El Mal Agudo de Montaña o mal de páramo:




por Jesús Osilia | Montañista, ambientalista y bloguero de viajes


Cajón del Maipo

Hace ya un tiempo, a mediados de enero de 2015, leí con tristeza en un diario de Santiago que una excursionista había fallecido en los alrededores del cerro Marmolejo (por los lados del Cajón del Maipo) a consecuencia de un edema pulmonar. Se encontraba a una altura de 5.200 metros sobre el nivel del mar.

Tiempo antes, en marzo de 2013, había leído también otra lamentable noticia reseñada por algunos diarios de Venezuela: un excursionista había fallecido en las cercanías de la Laguna Verde (Parque Nacional Sierra Nevada, estado Mérida, Venezuela, a 3.900 metros sobre el nivel del mar) a consecuencia de un edema pulmonar; una altura considerablemente menor.

El mal de altura o mal de páramo seguía cobrándose víctimas, y eso me impulsó a escribir y publicar este artículo en el blog.

El Mal Agudo de Montaña, mal de páramo o mal de altura, como se le conoce en Venezuela, o sorojchi en Bolivia, soroche o mal de montaña en Perú y en Ecuador, puna o apunamiento en Chile y Argentina, es el nombre que se le ha dado a una serie de reacciones fisiológicas producidas en el cuerpo humano como consecuencia de la disminución de la presión atmosférica con la altura, y la falta de adaptación del organismo a tales condiciones.

A medida que ascendemos más alto en una montaña la presión atmosférica disminuye progresivamente, así como la presión parcial de oxígeno en el aire que respiramos. Pero no es que la concentración de oxígeno en el aire varíe con la altitud –esta se mantiene igual tanto en las heladas cumbres de los Andes como a nivel del mar–, lo que ocurre es que allá arriba hay menos aire para respirar.

Dicho en otras palabras, a nivel del mar hay una mayor compresión de las moléculas de oxígeno, nitrógeno y demás gases que componen el aire dentro de un determinado volumen.

Con el aumento de la altitud se disminuye la compresión –es decir, desciende la presión atmosférica- y el aire se hace menos denso, hay menos moléculas del gas ocupando el mismo volumen y la cantidad de oxígeno que obtenemos con cada inhalación es cada vez menor; lo que origina hipoxia en el organismo (falta de oxígeno en la sangre).

Del mismo modo en que disminuye la presión barométrica y desciende la presión parcial del oxígeno que inhalamos al respirar, el gradiente de presión entre el alveolo y la sangre venosa del capilar pulmonar disminuye también con la altura, y la presión de oxígeno en la sangre arterial se reduce.

Debido a ello, los quimiorreceptores situados en la aorta y en los cuerpos carotídeos, al ser muy sensibles a los cambios en la presión arterial, mandan impulsos al centro respiratorio para aumentar la ventilación pulmonar. En otras palabras, se incrementa el ritmo respiratorio (hiperventilación).

La siguiente respuesta del organismo a dichas condiciones de baja presión atmosférica es el aumento del gasto cardíaco mediante un incremento de la frecuencia cardíaca; es decir, el corazón late más rápido.

Una vez que el organismo se adapta a la altura disminuye el gasto cardíaco. Sin embargo, a partir de los 6.000 metros de altitud la capacidad de adaptación del organismo desaparece y el cuerpo comienza a usar su abastecimiento de oxígeno mucho más rápido de lo que es capaz de suplirlo.

Así, una estancia prolongada en la llamada “zona de muerte” (8.000 metros sobre el nivel del mar) resulta en un grave deterioro de las funciones del cuerpo, pérdida de conciencia y muerte; sin contar las consecuencias de la exposición a las gélidas temperaturas presentes en tan altas cumbres.

Ahora bien, para incrementar las funciones del sistema cardio-respiratorio es necesario un mayor suministro de sangre a los órganos comprometidos en el proceso, y para ello el organismo suprime las funciones del sistema digestivo. Es por eso que la digestión se hace menos eficiente mientras mayor sea la altura.




¿Cuáles son los síntomas del Mal Agudo de Montaña o mal de páramo?

Los primeros síntomas pueden comenzar a sentirse a partir de los 2.500/3.000 metros sobre el nivel del mar; algunos autores hablan de una incidencia en el 50% de quienes suben a tales alturas (principalmente en el caso de aquellas personas que residen en zonas bajas o a nivel del mar).

Asimismo, se estima que más del 70% de quienes suben por encima de los 4.500 metros presentan algunos de los síntomas.

Estos varían según la persona, pero suelen presentarse pocas horas después de iniciarse el ascenso, o más rápido si el ascenso ha sido realizado por vía aérea, en automóviles o a través de un sistema teleférico o funicular.

Y en este punto quiero llamar la atención de quienes viajan en Venezuela por la carretera trasandina y se detienen en el parador turístico del Pico El Águila o Collado del Cóndor (4.118 metros sobre el nivel del mar) o suben al pico Espejo (4.765 m.s.n.m.) a través del teleférico de Mérida, o en Chile, a quienes contratan viajes de un día (ida y vuelta) desde la ciudad de Arica (ubicada a nivel del mar) a las alturas del Lago Chungará, a 4.500 m.s.n.m., por solo dar un par de ejemplos.

Quienes viajan a la ciudad de Quito o al altiplano boliviano también pueden verse afectados.

Los síntomas más frecuentes del mal agudo de montaña son: dolor de cabeza, agotamiento físico, mareos y vómitos, vértigo, pesadez, somnolencia, taquicardia, trastornos digestivos, cambios de humor, alteraciones del sueño, llanto y desvanecimientos en niños pequeños…

Los casos más graves se manifiestan con edema pulmonar de altitud, edema cerebral y muerte.

El edema pulmonar de altitud es una afección no cardiogénica que se manifiesta en sujetos expuestos a hipoxia (disminución de oxígeno en la sangre) debido a la altura.

Los síntomas del edema pulmonar de altitud pueden incluir dificultad para respirar, dolor torácico y tos, la cual puede estar acompañada por secreciones espumosas.

Su aparición suele ser súbita y su evolución es letal a menos que se descienda inmediatamente a cotas más bajas y se busque asistencia médica.



¿Cómo prevenir el Mal Agudo de Montaña?

En principio, es necesario entender que una excelente condición física no previene del todo la ocurrencia del mal agudo de montaña, y que la gravedad del trastorno varía en relación directa con la rapidez con que se efectúa el ascenso, la altitud alcanzada y la permanencia en el lugar.

También es importante tener en cuenta que el mal agudo de montaña puede presentarse en cualquier momento, aún cuando la persona haya estado sometida a un proceso de adaptación o aclimatación progresiva a la altura.

Esto no quiere decir que la aclimatación sea poco efectiva, sino que la aparición del mal agudo de montaña, por el momento, es algo impredecible.

No obstante, se ha comprobado que siguiendo ciertas normas, muy sencillas por lo demás, se puede minimizar la aparición de los síntomas graves del mal agudo de montaña:

  • Todo excursionista o escalador debe conocer los riesgos asociados con el ascenso a la alta montaña, y reconocer las señales de alarma que le envía su organismo.
  • Hay que dejar a un lado el orgullo. Ignorar los síntomas del mal agudo de montaña por no querer aceptar que se debe volver atrás sin haber hecho cumbre es muy peligroso.
  • Tener una buena condición física es importante.
  • Es necesario adaptar el cuerpo de manera gradual a los rigores de la altitud, haciendo cumbre en picos bajos antes de intentar subir a los de gran altura.
  • Hay que mantener hidratado el cuerpo.
  • Por encima de los 3.000 metros sobre el nivel del mar el ascenso debe hacerse de manera gradual, con variaciones de altitud no mayores de 400 o 500 metros al día.
  • No permanecer mucho tiempo en alturas superiores a los 5.500 msnm.
  • No consumir bebidas alcohólicas y no fumar en el trayecto.
  • Consumir carbohidratos en raciones pequeñas, fáciles de digerir.
  • Si utiliza el teleférico o algún tipo de transporte aéreo o terrestre para llegar a lugares de gran elevación y no está acostumbrado a los rigores de tales alturas, procure no esforzarse mucho al caminar. Hágalo despacio y por cortos trechos.
  • Si comienza a sentirse mareado o con dolor de cabeza es mejor bajar y continuar el viaje.

Tratamiento y acciones a seguir:

El mejor tratamiento al notar la aparición del mal agudo de montaña o mal de páramo es bajar a cotas inferiores.

En caso de dolor de cabeza pueden usarse los analgésicos comunes. La acetazolamida es comúnmente recetada para paliar el efecto respiratorio que supone la aclimatación.

Sus nombres comerciales varían de país en país, en España se comercializa como Edemox y en Chile por Diamox.

Sin embargo, es posible que la ingestión de medicamentos disimule en gran medida los síntomas, y lo recomendable es, cuando se trata de ascensos en montaña, no seguir subiendo hasta experimentar una real mejoría. Si el dolor o las molestias se hacen más fuertes o notorias es mejor descender a cotas inferiores y descansar.

Importante: Si los síntomas son graves es imperativo bajar al afectado de inmediato, un mínimo de 500 metros, y de noche si es preciso. No se debe esperar por la llegada de un equipo de rescate o helicóptero.


Jesús Osilia | Ambientalista y bloguero de viajes




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Deja un comentario en: “Mal Agudo de Montaña

  • 28 septiembre, 2018 en 9:49 am
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    De Venezuela tenemos pensado viajar a Chile a través de Brasil y cruzar hacia Puerto Maldonado a Perú.De allí subimos para seguir hacia Talca y cruzar a Chile. Me preocupa el mal de altura porque somos de un país tropical. Mi hijo suele tener ataques de ansiedad y me preocupa que no sepa lidiar con los cambios en su organismo… Aunque vamos en autobús, me imagino que los síntomas son iguales o parecidos. A qué altura podríamos llegar desde Puerto Maldonado a Talca y que me puedes recomendar? Me han hablado de llevar Dramamine y Aspirina porque no a todos ayuda el te de coca…

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