El Turismo Volcánico

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Volcán Villa Rica, uno de los más activos y peligrosos de Chile | Foto: Joaquín Baranao

El Turismo Volcánico, la fascinación ante el peligro:

Los volcanes albergan una de las fuerzas más poderosas y sobrecogedoras de la naturaleza. Son lugares en donde la Tierra se transforma de manera dramática, destruyéndose y reconstruyéndose una y otra vez ante la aterrorizada (y también maravillada) vista del hombre.

Los volcanes han sido y son temidos, pero también admirados, reverenciados, pintados, cantados, llevados a prosas y versos… y hasta se les ha dado un papel protagónico en novelas y películas; casi siempre como expresión de la eterna lucha entre el hombre y la naturaleza.

Ambos, hombres y volcanes, han convivido juntos desde épocas muy remotas (si bien los volcanes no siempre son buenos vecinos), y ello se debe a que las tierras adyacentes a los volcanes están entre las más fértiles del planeta. Además, su altiva belleza y sobrecogedora presencia atrae a miles de turistas en todo el mundo.

Curiosamente, la atracción por los volcanes es mucho mayor cuando presentan algún tipo de actividad visible que revele su demoledora fuerza y poder, tales como: cráteres humeantes, fumarolas o flujos de lava.

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La mole nevada del volcán San José asomándose al fondo del Cajón del Maipo

El Turismo Volcánico no es algo nuevo. Está presente en el mundo desde mediados del siglo XIX. Por ejemplo, el volcán Kilauea, en las islas hawaianas, es una atracción turística desde principios de 1840, cuando comenzaron a construirse hoteles a su alrededor. El volcán está en erupción desde 1983, y desde entonces atrae un promedio de 2.6 millones de personas al año, todas ellas interesadas en contemplar el lento desplazamiento de los candentes ríos de lava.

Por su parte, la actividad turística en el volcán Vesubio (bahía de Nápoles, Italia) también data de finales del siglo XIX, cuando se ordenó la construcción de un funicular hasta la cima. El funicular fue inaugurado el 6 de junio de 1880, y fue destruido en distintas oportunidades por el volcán; hasta que finalmente fue abandonado después de la erupción de 1944. En la actualidad, una carretera permite el ascenso de visitantes y grupos de turistas hasta la cima.

El Teide, un volcán situado en la isla de Tenerife (Islas canarias, España), también atrae a millones de visitantes todos los años. Es un volcán activo, aunque su última erupción se produjo en 1798. En 2004 hubo una serie de movimientos magmáticos en su interior que atrajo inmediatamente la atención de los vulcanólogos, pero el hecho no llegó a mayores. Un teleférico (inaugurado en 1971) lleva a los visitantes muy cerca de la cima del volcán, desde donde se aprecia una vista espectacular de las islas.

En nuestro continente los volcanes no atraen semejantes multitudes, pero ciertamente es una actividad en desarrollo. Países como Nicaragua, Costa Rica, El Salvador, Ecuador y Bolivia, por solo nombrar algunos, han entendido que el Turismo Volcánico puede proporcionar beneficios económicos a las comunidades aledañas a los volcanes, y la promueven nacional e internacionalmente.

Erupción delCalbuco en abril de 2015 | Foto: Reuters
Erupción del Calbuco en abril de 2015 | Foto: Reuters

En Chile, el Turismo Volcánico ha sido aprovechado desde mucho tiempo atrás, en donde destaca (entre tantos otros) el paseo hacia la cumbre nevada del volcán Osorno, el cual se alza en medio de un ambiente natural de increíble belleza. Un paseo en telesilla proporciona vistas inolvidables hacia el lago Llanquihue y el vecino volcán Calbuco. Hay un centro de esquí, restaurantes, tiendas, y buenos hoteles y hosterías en las cercanías. El volcán Osorno forma parte del Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, el cual recibió alrededor de 415 mil visitantes en 2014. La última erupción del Osorno ocurrió en 1869, pero el Calbuco lo hizo el 22 de abril de 2015.

El volcán Villarrica también está situado en un lugar privilegiado en medio de hermosos lagos y volcanes protegidos bajo la figura del Parque Nacional Villarrica. La belleza del lugar y su cercanía a destinos turísticos ya consolidados, como Pucón y Villarrica, hacen de este lugar una de las áreas más importantes para el desarrollo del turismo de naturaleza en Chile. Anualmente recibe poco más de 120 mil visitantes, de los cuales unos 22 mil ascienden a su cumbre. Cabe señalar que el Villarrica está considerado como el volcán más peligroso de Chile. Sus últimas erupciones ocurrieron en diciembre de 1971, octubre de 1984 y marzo de 2015.

El Llaima es también uno de los volcanes más activos de Chile. Sus últimas erupciones importantes se produjeron en enero de 2008 y en mayo de 1994, con eventos menores en 2003 y 2007. La belleza paisajística que rodea al volcán Llaima (en donde destacan los bosques de Araucarias), así como el refugio y centro de esqui Las Araucarias, lo ha llevado a convertirse en un importante destino para turistas nacionales y extranjeros.

Cerca de Santiago hay cuatro grande volcanes, tres de ellos activos, a los cuales se les puede llegar caminando desde el Cajón del Maipo.

No todos los volcanes tienen las mismas posibilidades turísticas, y ellas dependen en buena medida de las facilidades de acceso y servicio, y de los factores de riesgo existentes antes del inicio de la actividad. Para ello, debe existir un organismo encargado de vigilar y/o monitorear de manera permanente el comportamiento del volcán. En Chile, esa tarea es responsabilidad del Servicio Nacional de Geología y Minería (SERNAGEOMIN), que trabaja en conjunto con las autoridades de los Parques Nacionales y emite las alertas respectivas.

En cuanto a los volcanoturistas, podemos hablar básicamente de dos tipos de visitantes:

En primer lugar, los grupos que llegan en masa, como parte de un itinerario turístico previamente programado (tours de un día). Estos grupos están conformados por personas de todas las edades: niños, jóvenes, adultos y personas de la tercera edad. Usualmente van de vacaciones, andan escasos de tiempo y desean conocer la mayor cantidad de destinos posibles durante el viaje. Tales grupos son llevados a volcanes de fácil acceso, provistos de una infraestructura de servicios adecuada.

El segundo grupo está conformado por aquellos que quieren disfrutar de un contacto más directo con la naturaleza, una experiencia más cercana con el volcán. Pueden ser personas de cualquier edad, y entre ellas hay escaladores, senderistas, excursionistas, fotógrafos, observadores de aves, estudiantes… Estos visitantes tienden a elegir volcanes no muy visitados o rutas no muy concurridas. Y sus visitas y recorridos tienden a ser de mayor duración y complejidad.

Ahora bien, el Turismo Volcánico o Turismo de Volcanes no puede ser visto o entendido como una actividad destinada a llevar turistas para contemplar y fotografiar los daños producidos por un volcán en los días inmediatos después de una erupción, cuando los organismos competentes, grupos de voluntarios y vecinos aún trabajan en el área afectada tratando de despejar carreteras y cauces de ríos, limpiando de tefra los techos de las casas y tratando de que las comunidades vuelvan a la normalidad.

Quienes son afectados por tales eventos necesitan ayuda y cooperación, no turistas haciéndose selfies con casas derruidas o cubiertas de cenizas al fondo.

Texto: Jesús Osilia


Foto principal/destacada: Volcán Osorno por Val-Vader (Flickr)


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