Volcanes de Chile

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Volcanes de Chile


Foto de: Val-Vader (Flickr)
Volcán Osorno | Foto de: Val-Vader (Flickr)

Uno de los principales elementos paisajísticos que caracterizan y han dado forma al relieve del territorio continental chileno son los volcanes.

Chile se encuentra ubicado a lo largo del borde occidental de la gran placa tectónica de Suramérica, justo en donde la misma converge ‒y origina una zona de subducción‒ con la Placa de Nazca en el océano Pacífico oriental.

Esta subducción o hundimiento de la Placa de Nazca bajo la de Suramérica es lo que dio origen a la Cordillera de Los Andes, la más larga y segunda más alta del mundo, así como a la fosa oceánica peruano-chilena (con su punto más profundo en la denominada Fosa de Atacama, con poco más de 8 mil metros de profundidad), y es causante de la alta actividad sísmica y volcánica de la región. En esta área de subducción de placas el magma se funde fácilmente, lo que provoca las erupciones hacia la superficie.

Volcanes de Chile

No por nada, Chile posee entonces la segunda cadena volcánica más grande y de mayor actividad del planeta después de la de Indonesia (con más de 2.000 volcanes identificados, de los cuales alrededor de 90 se consideran activos) y comparte con Argentina el volcán más alto del mundo, el Nevado Ojos del Salado (6.891 msnm), que a su vez es la segunda elevación del continente americano, superada solo por el cerro Aconcagua.

Para tener una idea de la intensa actividad volcánica presente en Chile solo hay que darle una rápida mirada a las más recientes erupciones registradas: Tan solo en el primer semestre del 2015 hicieron erupción dos volcanes de Chile: el Villarrica (3 de marzo), uno de los más activos del país, y el Calbuco (22 de abril), que no había mostrado actividad en cuatro décadas.

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Erupción del Calbuco | Foto: Reuter

En años anteriores también hicieron erupción los volcanes Copahue, el 22 de diciembre de 2012, con actividades menores en 2013 y 2014; el Cordón Caulle (Complejo volcánico Puyehue-Cordón Caulle), 4 de junio de 2011; el Chaitén, 2 de mayo de 2008; Láscar, en abril de 2006; Villarrica, con erupciones menores en 2005 y 2000; Llaima, 18 de mayo de 1994; Láscar, 18 de abril de 1993; Hudson, agosto de 1991; Lonquimay, 22 de diciembre de 1988; Villarrica, octubre de 1984. Calbuco, agosto de 1972; Villarrica, diciembre de 1971 (una de sus erupciones más violentas, con 200 víctimas fatales en Coñaripe); y el volcán Hudson, el 9 de agosto de 1971.

El Villarrica (ubicado a 83 kilómetros de Temuco y a 760 Km. de Santiago) no solo es el volcán más activo de Chile (y de la Cordillera de Los Andes), sino también el más peligroso del país.

Los criterios para definir la peligrosidad de un volcán se basan principalmente en su nivel o frecuencia de actividad durante los últimos 10.000 años, la cercanía a centros poblados y la posibilidad de ocasionar graves daños a la población (pérdida de vidas, cultivos, infraestructuras, etc.).

Así, el Servicio Nacional de Geología y Minería de Chile (SERNAGEOMIN) considera que los diez más peligrosos volcanes de Chile son los siguientes: en primer lugar, el Villarrica, seguido por Llaima (ambos en la Región de la Araucanía), Calbuco, Chaitén (los dos en la Región de Los Lagos), Láscar (Región de Antofagasta), Michinmhuida (en Los Lagos), Nevado del Chillán (en la Región del Biobio), Lonquimay (Araucanía), Copahue (Biobio), y Cerro Azul-Quizapu (Región del Maule).

Son muchos los peligros inherentes a los volcanes, y no solo en cuanto a las grandes y explosivas erupciones, la exhalación de gases tóxicos y el descenso de corrientes de lava. Más peligrosas aún son las nubes ardientes, también llamadas coladas o flujos piroclásticos (densas nubes de gases a muy altas temperaturas y cargadas de cenizas y otros materiales expulsados por la erupción), que se mueven a ras del suelo y descienden rápidamente por las laderas del volcán.

Igual de peligrosos son los lahares, una mezcla de materiales volcánicos (rocas y cenizas) movilizados por el agua proveniente de la nieve derretida (o también del colapso de lagos cratéricos o a causa de fuertes lluvias) que desciende torrencialmente por barrancas y valles con la consistencia del concreto líquido, y va destruyendo todo a su paso. Históricamente, los lahares han sido los que más muertes y daños en infraestructuras han causado en todo el mundo producto de la actividad volcánica.

Menos peligrosos, pero muy dañinos también, son los depósitos de tefra que llegan a obstaculizar carreteras y vías férreas, colapsar techumbres, arruinar extensas áreas de cultivo y dejar sin alimento al ganado. O las cenizas en suspensión, que impiden la actividad aérea.

Recientemente, con la erupción del Calbuco, pudimos ver la gran cantidad de tefra que se depositaba sobre los campos y techumbres de casas a distancias de hasta 20 kilómetros del volcán. La tefra (que algunos reporteros describían como “gravilla”) consiste de diversos materiales piroclásticos expulsados durante la erupción; básicamente son fragmentos de magma solidificados. De acuerdo a su tamaño, la tefra puede estar formada por lapilli (fragmentos con un tamaño entre 2 y 64 milímetros de diámetro) y ceniza volcánica, y van cayendo en los alrededores del volcán o se mantienen en suspensión por largo tiempo; como es el caso de la ceniza más fina. Los fragmentos mayores a 64 milímetros se denominan bombas volcánicas, y pueden caer a distancias de 4 kilómetros del cráter.

Luego de la erupción, poco a poco, la zona de devastación alrededor del volcán cobra vida nuevamente. Los materiales depositados se desintegran y los minerales enriquecen el suelo. De hecho, las tierras volcánicas están entre las más fértiles del mundo, y por ello han sido siempre ocupadas por el hombre.

Por otro lado, es innegable que los volcanes constituyen un atractivo turístico de gran importancia en la economía de algunos países, y los volcanes de Chile no son la excepción.


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Texto: Jesús Osilia


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