De Viña del Mar a Zapallar y Papudo

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De Viña del Mar a Zapallar y Papudo |

Un recorrido por la extraordinaria costa norte de la Región de Valparaíso, Chile.




De Viña del Mar a Zapallar y Papudo

por Jesús Osilia | Promotor turístico y bloguero de viajes.


Uno de los paseos que recomiendo a quienes vienen de visita a Santiago –además de los que se pueden hacer hacia los lados del Cajón del Maipo y Farellones− es el que lleva a recorrer el borde costero norte de la región de Valparaíso, desde Viña del Mar a la ensenada de Papudo; pasando por Reñaca, Concón, Quintero, Caleta Horcón, Maitencillo, Cachagua y Zapallar antes de llegar finalmente a Papudo.

El estero de Viña del Mar

Es un trayecto que podrá realizar ida y vuelta desde Santiago en un mismo día; ya que la distancia entre Papudo y Santiago es de unos 170 kilómetros por la ruta 5 (la más directa, pero alejada de la costa), y de 200 kilómetros aprox. por la vía de Viña del Mar.

De ésta última es de las que les voy a hablar, por ser una ruta turística de gran valor paisajístico y llena de sorpresas.

La autopista que comunica a la ciudad de Santiago con Valparaíso y Viña del Mar –conocida como Ruta 68– cruza el fértil valle de Casablanca –una de las tres subregiones que conforman la Región Vitícola de Aconcagua–, reconocido por la calidad de sus sauvignon blanc y chardonnay.

De uno y otro lado de la vía podrán ver grandes bosques y viñedos que, bajo la influencia del océano Pacífico, crecen en un clima fresco ideal para la lenta maduración de las uvas que dan origen a estos vinos.

Viña del Mar es una hermosa ciudad costera ubicada al noroeste de Santiago, del cual dista unos 120 kilómetros. Es conocida por su célebre Festival Internacional de la Canción, uno de los eventos musicales más importantes de Latinoamérica, y también por ser parte de uno de los principales polos turísticos de la región central del país. De ella, sin embargo, les hablaré con más detalles en otro post.

Cerca, a poco menos de diez kilómetros al sur de Viña del Mar se encuentra la ciudad-puerto de Valparaíso, cuyo casco histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2003. Es un lugar al que hay que dedicarle tiempo para conocer a fondo y disfrutar de sus muchos encantos.

Una vez en Viña del Mar tomen la avenida España hasta llegar a la plaza del Reloj de Flores, doblen a la derecha en la avenida Marina y continúen por ella hasta llegar al estero. Pasaran al frente del Castillo Wulff. Giren a la izquierda en el primer puente sobre el estero y sigan derecho por la avenida San Martín; que más adelante comienza a llamarse Jorge Montt y poco después –llegando a Reñaca– cambia de nombre a avenida Borgoña.


Reñaca y Concón

El borde costero en Reñaca

Reñaca es un exclusivo barrio residencial y turístico con una amplia y atractiva oferta hotelera y gastronómica, además de una extensa y hermosa playa, abierta y de fuerte oleaje, ideal para surfistas pero no apta para el baño.

Es un lugar muy concurrido durante los meses del verano austral (diciembre-marzo), en donde se disfruta de un ambiente alegre y festivo.

Característico de este punto de la abrupta costa central chilena –como también de la cercana playa de Concón− son los edificios escalonados que se alzan no de manera vertical, sino remontando las pendientes adosados al terreno, al estilo de los sistemas de terrazas desarrollados por los incas para el cultivo, y a cuyos departamentos se les llega a través de ascensores externos y panorámicos de tipo funicular.

Pero lo que quizá llama más la atención de quienes visitan Reñaca por primera vez es la colonia de lobos marinos (Otaria flavescens) que habita en un peñón rocoso al borde de la avenida Borgoña, en el extremo norte de la playa, antes de llegar a Cochoa.

Es una de las diversas sorpresas que tendrá durante el recorrido.

Lobos marinos en Reñaca

Los machos adultos del lobo marino común (también llamado león marino suramericano debido a la densa melena castaño rojiza que le cubre la cabeza, cuello y parte del pecho) pueden pesar hasta 300 kg y medir entre dos y tres metros de largo. Actualmente son comunes a lo largo de la costa de Perú, Chile, Argentina y Uruguay, si bien en un momento llegaron a estar en peligro de extinción.

Los lobos marinos de Reñaca son visibles a simple vista desde la calzada de la avenida Borgoña, pero les recomiendo llevar binoculares; a veces están un poco más lejos.

Campo dunar de Concón

La segunda sorpresa del viaje se presenta inmediatamente al girar en la próxima curva del camino… Arriba, colgado sobre la playa en lo alto de un acantilado, se encuentra un antiguo campo de dunas que constituye la mayor atracción turística de Concón.

Geomorfológicamente, el campo dunar de Concón es fósil. Es decir, se ha consolidado y no recibe nuevos aportes de arena de la playa.

Para visitarlo lo mejor es volver un par de kilómetros atrás y buscar el Camino del Alto. Pero por favor, cuando lo haga no deje basura en el lugar.

Concón es un concurrido balneario de veraneo y uno de los centros gastronómicos más importantes de la costa central de Chile. Posee buenas playas, como Los Lilenes, Playa Amarilla, Playa Negra, Las Conchitas y La Boca, entre otras más pequeñas.

No deje de visitar el mirador de la Roca Oceánica, a un lado de la carretera.


Quintero, Caleta Horcón y Maitencillo

En Concón termina el camino del borde costero que inicia en Viña del Mar, y luego de cruzar el puente sobre el río Aconcagua la carretera se interna y transcurre paralelo a un extenso campo de dunas libres hasta llegar a una intersección de caminos que llevan a Loncura y Quintero –en donde, si lo desean, podrían visitar una interesante formación rocosa conocida como la Cueva del Pirata−.

Más adelante verán la entrada a Puchuncaví y Caleta Horcón, éste último es un pueblo de pescadores y artesanos conocido por su colorido “Puente de los deseos” lleno de cintas multicolores −no de candados− y por la única playa nudista reconocida en Chile: Playa Luna.

Pasando Puchuncaví el próximo sitio de interés es la localidad de Maitencillo, con una extensa playa, zonas boscosas y una gran oferta gastronómica y opciones de hospedaje. Es un lugar que se ha dado a conocer también por la posibilidad de volar en parapente y en paratrike.


Cachagua, maravilloso balneario y refugio de vida silvestre

La playa de Cachagua desde lo alto. Arriba, al centro, el islote de Cachagua

Siguiendo hacia el norte llegarán a la hermosa y extensa playa de Cachagua (hay un mirador en un punto alto de la carretera con una vista inmejorable para su disfrute).

En el extremo norte de la playa, separado de la costa por un brazo de mar de unos ochenta o cien metros, se levanta un promontorio rocoso que alberga dos especies de pingüinos −sí, leyeron bien, pingüinos−: el de Humboldt (Spheniscus humboldti) y el de Magallanes (Spheniscus magellanicus), además de gaviotas (Larus dominicanus), pelicanos (Pelecanus thagus) y cormoranes del Neotrópico (Phalacrocorax brasilianus), también conocidos como yeco o pato yeco en Chile, biguá en Uruguay y Argentina, o cotúa en Venezuela.

El islote de Cachagua

Muchos turistas se sorprenden al saber que hay pingüinos en estado natural a solo dos horas por carretera desde Santiago, muy cerca de Viña del Mar y Valparaíso; y eso se debe a que la imagen que todos tenemos de los pingüinos ha estado asociada siempre con los hielos antárticos.

El islote de Cachagua −en donde también habita una colonia de nutrias marinas (Lontra felina) o chungungos, como se les conoce en Chile− es un importante refugio de fauna silvestre; fue declarado Santuario de la Naturaleza en 1979 y Monumento Natural en 1989. No está abierto al público y solo se permite el acceso para trabajos de investigación científica previa autorización del CONAF. Tampoco se permite bucear en los alrededores.

Recuerde, dada la distancia a que se encuentra el islote de la playa es necesario que lleve binoculares para poder apreciar mejor la fauna del lugar.

Desde este punto parte un largo sendero cincelado a mano sobre las rocas costeras que lo llevará a disfrutar de una agradable caminata hasta llegar a la pequeña y encantadora playa de Las Cujas, e incluso más allá, a la playa de Zapallar.

Cachagua me impactó de manera positiva en cuanto la conocí. Es una comunidad que por años ha crecido en armonía en un entorno único de gran valor paisajístico y ecológico, y de ella me siento obligado a seguir hablando en otro post; ya que a mi parecer es un rincón maravilloso del litoral central chileno en donde me gustaría vivir.

Pingüinos en el islote de Cachagua

Zapallar y Papudo

Desde finales del siglo XIX la población de Zapallar ha sido uno de los lugares de veraneo preferidos por las familias adineradas del país.

Grandes y lujosas casonas se alzan sobre los cerros que delimitan a la bahía, cuya playa –centro de toda la actividad turística del lugar– se llena de visitantes durante los meses de enero y febrero y permanece casi vacías el resto del año. Sin embargo, y con toda esa cantidad de gente que llega a visitarla en el verano, el ambiente en Zapallar sigue siendo más relajado y tranquilo que el que se vive, por ejemplo, en Reñaca.

Es una ciudad pequeña –no tiene mucho más de siete mil habitantes– con una estrecha calle principal en donde se concentra gran parte del comercio local: una tienda de vinos, un supermercado, tiendas de artículos playeros…

La oferta hotelera no es amplia, pero hay buenos hoteles boutique y diversas opciones para arrendar.

Un poco más al norte se encuentra la ensenada de Papudo con sus hermosas playas y exclusivos condominios, y otro islote rocoso que también alberga lobos marinos y pingüinos, el cual es conocido como Isla Los Lobos. Puede contratar un tour en el embarcadero de Papudo para ver la fauna en Isla de lobos.

Para regresar a Santiago pueden volver sobre sus pasos y hacer el mismo camino de vuelta o tomar la ruta E46 para conectar con la ruta 5, más rápida y directa, pero alejada de la costa. En lo personal, prefiero pasar la noche en algún hotel o cabaña y seguir disfrutando de la costa al día siguiente.


De Viña del Mar a Zapallar y Papudo

/ por Jesús Osilia | Promotor turístico y bloguero de viajes.


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