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Texto de Jesús Osilia / Fotos: Jesús Osilia




En general, la flora y la fauna de los páramos se ha adaptado a la estacionalidad diaria, a las bajas temperaturas nocturnas y a la alta radiación durante el día, a la baja presión atmosférica y, en ocasiones, a la escasa disponibilidad de agua. La fauna paramera no es muy abundante en cuanto a población, aunque sí lo es en cuanto al número de especies, muchas de ellas endémicas.
Entre las aves del páramo venezolano destaca un colibrí bastante peculiar, de cresta larga y blancas barbas, conocido popularmente como “Chivito de los Páramos” (Oxypogon guerinii). Recibe su nombre por las plumas que le cuelgan de la garganta, que en cierto modo recuerdan las barbas del Chivo o macho cabrío; la Paraulata Morera (Turdus fuscater), de brillante pico naranja, resulta más fácil de ver. El Pato Serrano (Anas flavirostris) puede verse en parejas o pequeños grupos en la Laguna de Mucubají, en la Laguna Victoria y en las otras que le rodean. Lamentablemente, ya no podemos maravillarnos con el majestuoso vuelo del Cóndor de los Andes. Entre los mamíferos destacan el Oso frontino (Tremarctos ornatus) el Conejo Montañero (Sylvilagus brasiliensis) y el Venado Matacán Andino (Mazama bricenii),
Un fenómeno preocupante es la disminución o posible desaparición de muchas poblaciones y especies de anfibios, aparentemente debida al calentamiento global. Por su parte, los reptiles están poco representados.

El páramo es un sistema natural complejo de alta montaña característico de la Cordillera de los Andes. Se extienden en forma discontinua desde Colombia y Venezuela hasta el norte de Perú; si bien hay pequeñas áreas parameras en Costa Rica y en Panamá.
En Venezuela, Colombia y el norte de Ecuador se caracterizan por la presencia de plantas del género Espeletia, los llamados Frailejones (con más de un centenar de especies).
En los páramos venezolanos la precipitación es escasa y la temperatura bastante baja. Por lo general se presentan en alturas superiores a los tres mil metros. Son terrenos yermos, desabrigados, que suelen presentar un color acentuadamente grisáceo en la distancia debido a la presencia del frailejón, cuyas hojas, densamente pilosas y sedosas (están cubiertas de un tomento sedoso semejante a la lana que las protege del intenso frío y la radiación solar), tienen un color gris-verdoso. En cambio, durante la época de floración (principalmente en el mes de octubre) el color predominante es el amarillo.
En Venezuela, los páramos ocupan una superficie aproximada de 2.700 Km², de los cuales un 75% corresponden al Estado Mérida. También están presentes dentro de los Estados Táchira y Trujillo, y en una pequeña porción del estado Lara, sobre las cumbres del Parque Nacional Dinira.
Chivito de los Páramos (Oxypogon guerinii)
Áreas con vegetación parecida a la de los páramos se encuentran en las regiones más altas de la Cordillera de la Costa, sobre los picos Codazzi, Oriental y Naiguatá (el más alto de esta cordillera), y en el cerro Turimiquire, en el estado Sucre.
Una gran parte de los páramos venezolanos están resguardados bajo las figuras de Parques Nacionales o Monumentos Naturales, entre los cuales destacan los Parques Nacionales Sierra Nevada, Sierra de La Culata, Páramos de Batallón y La Negra, Sierra de Perijá, Guaramacal y Dinira, y el Monumento Natural Teta de Niquitao-Guirigay.
Floración de Speletia schultzii o Frailejón Octubre cerca de la Laguna de Mucubají
Frailejón cubierto de hielo en la vía a Piñango, Estado Mérida