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Lo más interesante de El Jarillo, además de la arquitectura de sus casas, sus bellos paisajes y el agradable clima, es la posibilidad de practicar el vuelo en parapente. El visitante puede disfrutar de un vuelo tandem (junto al piloto) lanzándose desde el sector conocido como el Despegadero, a los pies de una escultura de gran tamaño de la Virgen del Carmen (obra de Leda Scattolini) que es visible desde la carretera. Para ello, el interesado debe anotarse en una lista en el restaurante ubicado a un lado del sitio de despegue.
Y para quienes gustan del ejercicio al aire libre, le recomendamos ir en bicicleta, o caminando, hasta el embalse de Agua Fría, cruzando una parte del Parque Nacional Macarao. La entrada al parque se encuentra poco antes de llegar a El Jarillo, al frente del comando de la Guardia Nacional, en donde también hay un puesto de Inparques en donde deberán registrarse. Saliendo de El Jarillo en dirección a La Colonia Tovar, hay un camino a la derecha, de tierra y en malas condiciones (ocho kilómetros aprox.) que lleva directo hasta el embalse; es necesario usar vehículos de doble tracción y, por seguridad, es recomendable ir en grupo.
Muy cerca de La Colonia Tovar y enclavada entre las montañas de la vertiente sur de la Cordillera de la Costa, sobre los altos mirandinos, se encuentra otra encantadora población que fuera fundada a finales de 1890 por descendientes de aquellos primeros inmigrantes alemanes que fundaron la Colonia Tovar: El Jarillo.
La actividad comercial, turística y hotelera de El Jarillo es bastante más reducida que la de la Colonia Tovar, y su economía gira principalmente en torno a la actividad agrícola. Sus pobladores se han dedicado por décadas al cultivo intenso de hortalizas, duraznos y fresas, entre otros frutos.
La arquitectura y el decorado de las casas también es similar a las de la Colonia Tovar: casas con techos rojos a dos aguas con paredes blancas ornamentadas con delgados listones de color oscuro que se cruzan para formar distintas figuras geométricas entre sí, triángulos, cuadrados, trapecios...

La población de El Jarillo debe su nombre a unas llamativas flores blancas que nacen de un árbol típico de la zona, las cuales tienen la peculiar forma de un pequeño jarrón o jarrillo.
Foto: José Ilidio Spinola