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El turismo, como actividad económica, es una de las más grandes industrias del mundo. Y dentro de ella, el turismo orientado a la naturaleza es el segmento que crece con mayor rapidez. Pero no debemos confundir al turismo de naturaleza con el llamado turismo ecológico o ecoturismo.
El Turismo Ecológico o Ecoturismo
Pero entonces... ¿Qué es el ecoturismo?

Ser ecoturista no es montar una carpa en medio de la sabana para sentarse a contemplar el paisaje. Mucho menos cuando la persona, en su afán aventurero, busca abrirse camino por terrenos vírgenes al mando de un vehículo de doble tracción... Ser ecoturista no es algo tan simple como tomar una mochila y caminar por las más remotas áreas naturales del planeta, bebiendo agua de río y alimentándose con lo que le provea la naturaleza... El ecoturismo presupone, y se manifiesta, en la responsabilidad y el respeto del viajero por el entorno que le rodea, lo cual  lleva a la consecuente y necesaria conservación del recurso. El operador de ecoturismo y el ecoturista como tal, debe siempre procurar que el impacto ecológico que genere con su visita sea mínimo.
Por otro lado, el ecoturista debe saber apreciar y demostrar sensibilidad no solo en cuanto a los aspectos escénicos o la biodiversidad del lugar que esté visitando, o promocionando, en el caso del operador de ecoturismo. Sino también ante la presencia y genuina expresión de las culturas locales.
Pero el ecoturismo no es sólo eso... El ecoturismo debe reconocer, además, la importancia de la participación activa de la comunidad local en el desarrollo de la actividad turística como tal, educándola en cuanto a la planificación, administración y conservación de los recursos que le atañen. Pero más importante aún, tiene que hacerla partícipe de los beneficios que dicha actividad genere; lo cual ayudará a que ésta sea sostenible en el tiempo.
En definitiva, el ecoturismo se distingue del simple turismo de naturaleza por el énfasis que se hace en la conservación del recurso turístico y en la información que se le transmite al visitante acerca del mismo, en la responsabilidad y el respeto del viajero por el entorno que visita, en la formación y capacitación de los pobladores locales y guías turísticos como custodios y garantes de la permanencia del recurso, y en la activa participación socioeconómica de las comunidades locales.
Dar un ejemplo exacto de ecoturismo es algo más difícil, porque el turismo de naturaleza muchas veces va de la mano del turismo de aventura (o de riesgo, como también se le denomina), ambos se mezclan continuamente, y en ocasiones hasta presentan rasgos de auténtico turismo ecológico.
En Venezuela podríamos citar lo que quizás sea un buen ejemplo de ello, aún con las críticas que algunos pudieran llegar a hacerle: el ascenso al tepuy Roraima.
El ascenso a éste magnífico tepuy está controlado por el Instituto Nacional de Parques (INPARQUES), quien es el ente que otorga los permisos para visitarlo. La capacidad de carga del tepuy, es decir, el número máximo de excursionistas que pueden caminar y acampar simultáneamente sobre su cima, ha sido calculado en 50 personas al día; y sobra decir que en temporadas altas hay que reservar con suficiente antelación.
Para subir al Roraima se requiere el acompañamiento de un guía indígena autorizado, un miembro de las comunidades de San Francisco de Yuruaní o de Paraitepuy del Roraima; quien en todo momento es el responsable de la seguridad del grupo y, quizás más importante si lo miramos desde la óptica conservacionista, es también responsable de los abusos cometidos por ellos (extracción de plantas o animales, minerales, cristales de cuarzo, rayado de rocas, bote de desperdicios...), y puede ser sancionado. Además, y no importa si usted ya ha estado en el sitio y conoce bien el camino hasta la cumbre, la contratación de un guía indígena local es un requerimiento obligatorio establecido por el Instituto Nacional de Parques en conjunto con la capitanía de la comunidad de Paraitepuy del Roraima, punto de partida para quienes quieran visitar el tepuy.
Todos los guías están debidamente capacitados para realizar su labor y actuar en caso de emergencias. Tienen buenos conocimientos acerca de la flora y fauna del lugar, así como de las intrincadas y fascinantes relaciones que se establecen entre ellas; conocen las leyendas del pueblo pemón en relación a éste tepuy y a su vecino, el Kukenán, y se las hacen saber al visitante. Muchos hablan otros idiomas, además del castellano y la lengua pemón.
Por otro lado, están los porteadores, buenos conocedores del lugar, pero que aún no están capacitados para servir de guías o atender directamente al turista. Los porteadores son indígenas locales que, aparte de encargarse del traslado de los equipos hasta la cima (algunos son contratados como cocineros del grupo), también actúan como custodios del frágil ecosistema del tepuy. Todos ellos cuidan su montaña porque saben que es una buena fuente de ingresos para la comunidad, a tal punto que dependen casi exclusivamente de ella. Tan es así, que entre los años 1995 y 1996 el Instituto Nacional de Parques cerró por tiempo indefinido el acceso al Roraima a fin de que se lograra la recuperación natural de algunos lugares sobre la cima que estaban visiblemente afectados por el constante pisoteo de los excursionistas, así como por los cortes hechos sobre la escasa vegetación leñosa de la cima a objeto de hacer fogatas o abrir espacios para la instalación de carpas, por no mencionar la afectación producida por los desechos dejados por los visitantes... La medida, que bien pudo parecer adecuada en aquel entonces, no consideró las necesidades de las comunidades locales y, claro está, no fue acordada en conjunto con ellas. Las protestas no se hicieron esperar, y el punto culminante llegó cuando miembros de la comunidad de Kumarakapai incendiaron el puesto de guardaparques de Paraitepuy del Roraima.
Actualmente las cosas han cambiado. Los guías están pendientes de que nadie deje basura en ningún sitio (incluso las heces son bajadas en bolsas plásticas llenas de cal para no contaminar las aguas de la cima); instruyen al visitante en cuanto a la importancia de no salirse de los senderos (con lo cual se evita el pisoteo de la escasa y muy curiosa vegetación, en muchos casos endémica, que crece sobre el lugar); las autoridades de Inparques llevan un registro diario de los visitantes, y hacen saber a los excursionistas que sus morrales serán revisados al regreso a objeto de que no extraigan nada del tepuy.
Y aun cuando sabemos que hay aspectos que todavía se pueden mejorar en relación a la conservación de éste maravilloso rincón de la geografía venezolana, bien podemos considerarlo como un buen ejemplo de lo que significa el turismo ecológico.

Texto y fotos: Jesús Osilia
El concepto de Ecoturismo surgió hace un par de décadas, y desde entonces ha estado ganando bastante popularidad dentro de los ámbitos de la conservación y la actividad turística, pero son muchos los que aún no entienden su verdadero significado.
Otros, por el contrario, se valen del mismo y de la sensibilidad de mucha gente preocupada y deseosa de hacer algo en favor del ambiente, con la sola intención de vender un producto...
De hecho, la mayor parte del turismo que se lleva a cabo en áreas naturales, y estamos hablando de lo que ocurre en cualquier parte del mundo, y no sólo de Venezuela, no constituye ecoturismo, aunque así sea anunciado y vendido por las agencias de turismo.
La Ciénaga - Playas de Venezuela
El turismo de naturaleza, aun cuando conlleve un bajo impacto ambiental, no necesariamente debe ser considerado como Ecoturismo
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