Un kilómetro de agua vertical

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CRÓNICAS Y RELATOS DE VIAJES:

Un kilómetro de agua vertical | por Arquímedes Machado


Después de un maratónico proyecto laboral y luego de habernos paseado por diferentes locaciones, escogimos, Gerald y yo, desconectarnos del mundo e ir a conocer el maravilloso Salto Ángel durante el puente del 12 de Octubre. Esta vez, y a diferencia de muchos viajes anteriores, me preparé con algo más de tiempo pues era la primera vez en la que planificaba un viaje de este tipo para Gerald.

Todo los utensilios estaban empacados en los morrales y cada cosa estaba bien resguardada contra el agua, aunque nunca es mucho cuando se empaca para este tipo de viajes. Sólo faltaba partir a nuestro destino.

Y así fue como el 12 de Octubre a las 4:00 de la mañana empezó nuestro viaje para Canaima. Para llegar tomamos dos vuelos, el primero de Maiquetía a Puerto Ordaz, un vuelo común y corriente de 45 minutos, y el segundo en una avioneta de 6 puestos de Puerto Ordaz a Canaima.

Este último vuelo es un espectáculo que permite ver desde la altura a la ciudad de Puerto Ordaz, la represa de Caruachi, la inmensidad del Caroní y la belleza de la sabana/selva del parque Canaima, para cerrar, justo antes del aterrizaje, con la belleza del Salto el Sapo y la Laguna de Canaima y sus saltos Hacha, Wadaima, Golondrina y Ucaima.

Una vez en Canaima conocimos a nuestro guía, David, quién estuvo encargado de todos los detalles para luego tomar el transporte al campamento. La primera sorpresa fue oír la amabilidad de nuestro guía, quién nos informó que el itinerario planificado había sido totalmente modificado, la razón, la noche anterior a nuestra llegada había caído un palo de agua y el nivel del río había subido por lo que había que aprovechar la fortuna del río crecido. La segunda sorpresa fue la ubicación del campamento, pues el Campamento Ucaima, es el único que en vez de quedar a orillas de la laguna de Canaima, como todos los demás, queda arriba, como a 10 minutos en curiara de donde están los saltos de agua. Esta ubicación le permite a Ucaima ser el único que te permite observar la majestuosidad de los tepuyes kürün (zamuro), Küsary (venado) y Kürawaina (bromelia) que lucen como tres majestuosos eternos que se muestran cercanos para el deleite y lejanos para su exploración.

La tercera grata sorpresa fue que al llegar al campamento, nos recibieron con un collar artesanal y un cóctel de bienvenida. Esta última sorpresa sólo la había recibido en hoteles turísticos fuera de mi país (Filipinas específicamente) y fue un orgullo y un honor recibir en Venezuela este gesto pues simbólicamente representa mucho, sobre todo para el fomento del turismo en el que se agradece y valora este tipo de detalles.

Nos tomamos nuestros cocteles y empezamos a conocer al grupo que nos acompañaría en esta aventura con aroma a tepuyes y sabor a tricolor venezolano. El guía ya lo habíamos nombrado, David Chance, un joven nacido en la zona limítrofe entre Venezuela y Guyana y que lleva 10 años en Canaima sirviendo de guía, cocinero, cuentacuentos y amigo, que unido a nuestro gran capitán Pedro y su remero de apoyo conformaban el grupo de guías de nuestro grupo. De Puerto Ordaz nos acompañaron Eorys y Daniel quienes siempre estuvieron en la proa de la curiara, como los pioneros en la mayoría de los viajes. de Caracas nos acompañaban Pina en compañía de su hijo al que le cambiamos tanto el nombre que ya no sé cuál es el verdadero. También de Caracas nos acompañaba Victor, un gran amigo de Pina quien tenía muchos años fuera de Venezuela y de alguna manera imagino que este viaje fue una especie de reencuentro con su país. Igualmente de Caracas, nos acompañaron Claudia y su niña Isabella, la consentida del viaje. De Maracay Eduardo y su esposa, quienes se transformaron en poco tiempo en los tíos adoptivos de Isabella. Por supuesto a este grupo nos uníamos Gerald y yo.

La historia de cada personaje de este relato, su pasado, su día a día y las razones del por qué estábamos allí, de seguro eran distintas , pero por alguna razón, todos coincidimos y nos juntamos sin buscarlo así, para  conocer un ícono de nuestra hermosa Venezuela.

Y así fue como después presentados y sin retener todavía los nombres de cada uno, emprendimos el viaje al salto Angel, todos montados en la curiara, con el sol iluminando el camino, carrao arriba y con las expectativas a millón.

La primera parada la hicimos para hacer una caminata de una media hora (a paso de David serían 10 minutos y al nuestro serían 45). La idea de esta caminata era evitar que nos expusiéramos a uno de los rápidos más fuertes del rio Carrao y evitar así cualquier accidente. Esta caminata quedó adornada por lo hermoso del paisaje de sabana y por dejar a nuestro lado los tepuyes Kürün, Küsary y Kürawaina, además de agregar a otro gigante en la ruta, el topochi.

Al final del camino no esperaba nuestro capitán de nuevo en la embarcación, nos montamos y seguimos nuestro viaje a la siguiente parada que sería para almorzar: El pozo de los deseos, unos rápidos formados por un río afluente al Carrao. Arrancamos la navegación y al llegar, el sitio estaba literalmente colapsado. Me encontraba en uno de esos momentos en los que decimos que tenemos sentimientos encontrados, pues me parecía magnífico que muchas personas hayan elegido ir al Salto Angel y conocer este fantástico lugar pero al mismo tiempo sentía que la cantidad de gente representaba, de alguna u otra manera, una carga contaminante muy fuerte para tan delicado ecosistema.

La sensación fue extraña pues unas razones motivaban mi alegría , mientras que la otra motivaba mi preocupación por la preservación de este espacio único en el mundo.

Definitivo, mucha  gente, prendimos el motor rumbo a la isla orquídea para almorzar allá y navegamos una media hora más hasta llegar al destino. Mientras nuestros guías coordinaban el almuerzo, pocos se resistieron al llamado del río para probar un baño. El agua del Carrao nos recibió helada y como siempre con su acostumbrado color “nestea” o papelón para ponerlo en criollo. Bañados y comidos, nos montamos en nuestra nave para seguir remontando el Carrao con rumbo al cañón del diablo y seguir la travesía remontando el río Churum, no sin antes admirar el Wei Tepuy (el tepuy del sol) como un abreboca para lo que nos aguardaba río arriba. (Antes de seguir la historia, quisiera que supieran el por qué el nombre de este tepuy. La historia cuenta que esta etnia consideraba que el sól nacía de este tepuy que tiene una forma y una ubicación que, bajo cierto ángulo de vista, hace percibir que el sol sale justo por el medio de él, haciendo naturalmente la escogencia de su nombre).

Al pasar al río Churum el cauce del río se estrecha y el Auyan Tepuy empieza a mostrar sus zonas más imponentes, murallas del tamaño de gigantes de millones de años rodeados de una abundante vegetación y acompañado de muchas cascadas sin nombre que adornan aún más las paredes del tepuy. (De acuerdo a lo que nos contaron, las caídas de agua que no son constantes, no se les colocan nombre, sólo los saltos que siempre tienen agua son lo que la etnia pemón les otorga un nombre).

El río Churum empieza a serpentear, dejando a veces a nuestras espaldas las grandes paredes para luego volverlas a ver de frente. Al principio este serpenteo te hace creer que son unos cuantos cientos de tepuyes uno al lado del otro, pero cuando comprendes que cada uno, no es  más que el pedazo del tepuy que se muestra desde el punto en el que estás del río, te das cuenta de lo inmenso que es este gigante milenario

Dolor en las nachas, incomodidad, hora del burro y ya un poco cansados del reducido espacio de la curiara, los ánimos del grupo estaban como bajitos y como para mejorarlo, empezó el palo de agua, hora de montarnos los impermeables, proteger las cámaras y esperar que fuese una lluvia pasajera… pasajera fue, es decir se instaló encima de nosotros y se convirtió en otra pasajera de la curiara jejeje. El frío se hizo más intenso pero poco a poco dejó de llover y justo a tiempo salió el sol radiante. En una curva  a la derecha David nos grita…. ¡Ey! ¡Ahí está, admiren el chorrito de agua que parece que lo abrieron! Frente a nosotros el imponente Salto Angel que se dejaba ver completo. El espectáculo era tal que tuvimos que parar la navegación para poder tomar las fotos por no menos de 10 minutos. Lo que teníamos al frente era por lo que habíamos venido y aún este siendo el espectáculo principal, el secundario era nuestras caras de asombro y admiración ante tan espectacular obra de arte natural.

Ante nosotros un salto imposible, sólo imaginado por el arquitecto de este mundo, que luce perfecto ante nuestros ojos asombrados, el agua está como detenida en el tiempo, flota y no se mueve, una foto pintada justo frente a nosotros que renovó las energías del grupo.

En lengua local, el nombre de este salto es Kerepacupay Vena, algunos también lo llaman Kerepacupay Meru pero la palabra Merú (que significa salto) se utiliza más en los nombres de otros saltos y no en este rey de reyes (no conozco el motivo). Su nombre significa Salto que viene de lo más profundo y su imponente presencia es indescriptible.

Llegamos a tierra firme, al campamento justo frente al Salto y aprovechamos lo que nos quedaba de luz para fotografiar al protagonista, al sueño cumplido de algunos, al retorno de otros, al indescriptible kerepacupay vená que nos dejó boquiabiertos aun después de las miles de fotografías.

Sueño cumplido, logré llevar a mi Gerald a este mágico lugar. Pero aquí no terminaba el viaje, apenas era el inicio. Aún nos faltaba acercarnos más al Kerepacupay para verlo desde su mirador, para bañarnos en sus aguas y para llenarnos de la energía que caería sobre nosotros en forma de manto de agua… Eso sucedería al día siguiente de este hermoso viaje y puede que en algún otro momento suceda que les cuente esa historia.


Un kilómetro de agua vertical

Texto: Arquímedes Machado | Fotos: Arquímedes Machado. Si lo desea, puede leer otros relatos de Arquímedes Machado en su propio blog: http://cuentosdekimo.blogspot.com


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