Serranías del Uribante

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Serranías del Uribante | Estado Táchira, Venezuela.


Conocer el Uribante, sus ríos, sus montañas, sus poblados −con 43 aldeas y casi 160 caseríos−, puede hacerse por diversas vías. Es un recorrido para realizar en carro o tomando al menos dos unidades de transporte público.

En nuestro caso, para hacer un poco más aventurero el destino, decidimos hacerlo en varios tramos aplicando el autostop.

Empezamos desde el terminal de pasajeros de San Cristóbal, allí el bus con vía a Pregonero se toma cada hora, por un retraso nos tocó correr. Las compañeras de viaje fueron Karly, ingeniero industrial, y Doris, empleada de una fábrica. ¡Comenzó el viaje!

A continuación, algunos sitios de interés para excursionistas e interesados en pasar varios días de descanso.

Al dejar atrás el terminal se empieza el recorrido por la troncal 5, al margen del río Torbes. Algunas zonas industriales, unos cuantos caseríos, y otras vías alternas se consiguen en la carretera que conduce en dirección al Llano. Al pasar Santo Domingo, se puede observar cómo las montañas van desapareciendo, pues el abra de Río Frío es la unión de las montañas tachirenses con los llanos occidentales. Sin embargo, el desvío a Chururú nos introduce nuevamente a las montañas y su ambiente frío.

Serranías del Uribante


La Fundación, primera parroquia de la serranía

Antes de llegar a  La Fundación, no puede olvidarse una foto por algunas de las cascadas que se ven a orilla de carretera; por ejemplo, en el Sector Los Caños e incluso un letrero que dice “Las 7 cascadas mágicas” llama la atención. Luego de pasar por La Fundación, un pequeño pueblo con varias aldeas, al margen de la carretera se puede observar la quebrada La Fundacionera, la cual vierte sus aguas en el río Doradas. Por ahí se encuentran algunos saltos conocidos como las cascadas de la Fundación; un espacio natural para excursiones y disfrutar un baño.

La carretera continúa y la Casa García informa que hacia la izquierda se puede llegar a Queniquea y San José de Bolívar, dos pueblos montañosos. También, desde esa bodega se puede tomar la ruta para el llamado balneario Uribante. Unas buenas opciones que se dejan atrás pues la carretera continúa para llegar al Complejo Turístico La Trampa.


Potosí, el pueblo sumergido en el embalse

Al seguir en la vía se evidencian formaciones montañosas, un desvío a San Joaquín de Navay se presentó para luego acercarnos a la localidad de Siberia. El autobús continuó, y luego pasó por  el campamento de la brigada de infantería y otras zonas militares. Ha comenzado el descenso, y se aproxima una curva. Allí, la famosa “Y” donde a mano derecha se toma la ruta para llegar al Campamento Turístico La Trampa. Por cierto, el nombre de La Trampa se asignó en la época de Gómez donde el contrabando y las batallas militares eran temas de aquel entonces.

Bajándonos del lugar iniciamos la caminata, considerábamos caminar casi cinco kilómetros; sin embargo, nos tomó por sorpresa un autobús del complejo turístico el cual nos llevó hasta las instalaciones del lugar. Este complejo se encuentra bordeado por todo el embalse del río Uribante en la presa La Honda donde se forma una extensa laguna artificial.

Un resumen de lo que se puede conseguir: alquiler de cabañas completas o habitaciones, servicio de piscina, restaurante, bar, alquiler de bicicletas, senderismo por las boyas, y el más importante de todos, ¡paseo en lancha! ¿Por qué? porque desde el embarcadero se toma la ruta a las ruinas del pueblo inundado de Potosí.

Potosí fue un poblado pequeño de origen agrícola, el cual fue inundado para construir la presa La Honda, uno de los tramos del Complejo Hidroeléctrico Uribante – Caparo. La mayoría de las casas en Potosí fueron construidas de forma artesanal por lo que ya hoy no quedan nada de ellas. Solamente algunas cruces del cementerio, la estructura de la iglesia, y la base estatuaria de la plaza Bolívar pueden observarse cuando el nivel del agua baja.

Es increíble cómo éste lugar aparece y desaparece con las temporadas de lluvia y sequía. Cuando el nivel del agua está alto, a la vista solo se encuentra la cruz torcida de la iglesia, y pescadores en busca de cachama, parguito o pabón, entre otros peces introducidos para el consumo y para incentivar la pesca deportiva.

Cuando el nivel del agua es bajo, te consigues con más detalles de las ruinas del pueblo, y personas que viven cerca llevan su ganado a pastorear e incluso a ofrecer paseos a caballo. Potosí siempre será recordado, incluso el lugar sigue siendo una de las parroquias del municipio Uribante.

Así conocimos el lugar en un paseo en lancha con su piloto el señor Lizardo, quién también nos dio un recorrido por algunas cascadas con nombres pintorescos: el amor, las dantas, la honda… En total según son seis cascadas que se distribuyen en diferentes zonas; por lo que, el paseo en lancha puede durar más de una hora. Dentro del paseo se observó la forma de una tortuga: el Cerro El Morrón, el famoso despegadero para los que practican parapente. Cuando llueve, el cerro ofrece un espectáculo de varías caídas de agua; y terminan llamándole El Llorón.

El embalse no es solo de atractivo turístico pues es de gran importancia, ya que allí se unen varios ríos y quebradas. El agua en reposo, produce la sensación de contemplar una extensa laguna donde se puede practicar el canotaje o remar en bote. La presa posee sus lugares naturales siendo casa de varias especies de fauna y flora. Así, una pequeña parte de esta zona pertenece al Parque Nacional Tapo Caparo.

Abandonando el lugar, nos introducimos nuevamente en la vía pues llegar a Pregonero sería el siguiente destino. Puedes llegar por la carretera vieja; sin embargo, para darle continuidad al asunto, y si estas en la represa sin vehículo y poco equipaje, puedes tomar una lancha que te lleve a El Puya, siendo este punto la conexión alternativa para llegar a la capital del municipio Uribante.


Pregonero, tierra de chácharos y frío andino

Antes de llegar a Pregonero pasamos por el Parque Natural Las Escaleras, su ambiente y la estructura de las caminerías tiene un parecido al Parque Zoológico Los Chorros de Milla, en Mérida. Sin embargo, el lugar no es muy frecuentado, pues solo se considera para un paseo familiar de esos fines de semana donde se monta un hervido con fuego a la leña. Las Escaleras posee un tobogán natural de piedra, pozos de mediana profundidad como el llamado pozo de Las Escaleras, caídas pequeñas de agua, y la Cueva de Los Murciélagos, que según tiene salida hacia Guaraque, estado Mérida. Todos estos elementos hacen del lugar encantador.

Algunas historias cuentan los chácaros sobre sucesos inexplicables en el lugar: mezcla de leyendas y actos profanos. Por lo que, muchos no consideran el sitio para acampar pues como nos comentaron Luis Manuel y Manuel Alejandro, habitantes del pueblo, el lugar da mala vibra en las noches. Aun así, estuvimos allí. Unas cuantas fotografías del parque, y una lanzada en el tobogán. Nada malo sucedió.

Luego de la visita, iniciamos el ascenso a Pregonero. Sus calles son pequeñas. Hay un monumento en honor a los obreros y dos iglesias: Nuestra Señora del Carmen y San Antonio de Padua de Pregonero (Julián Gutiérrez), separadas por algunas cuadras; y varias opciones de hospedaje. Todo lo anterior puede verse desde una panorámica increíble desde el Cerro El Bolón, donde se alza una capilla en honor a la mártir Santa Lucía. También, se puede visitar el santuario de La Virgen del Carmen de la Caña Brava, otro mirador opuesto al Bolón que conserva historias como la de Chucho Hugo y su perro Toco.

De regreso al pueblo se pueden visitar algunas colecciones de objetos en museos privados; así como la iglesia matriz San Antonio de Padua, y su leyenda de la misa de media noche. Entre cuentos y vivencias, nos comentaron sobre Los Vahos, otro sitio de interés turístico por la aldea El Alto. Así, pasó el tiempo, una pequeña pausa que debió continuarse pues la ruta iba tomando altitud entre las montañas de la Serranía El Batallón, llamada así ya que en el lugar mataron a varios soldados del ejército federal en 1861.

Abandonado el pueblo, la carretera se hace más angosta y de notables curvas. Pequeñas casas a la orilla aparecen y desaparecen. Una pequeña capilla conocida como Virgen del Carmen de La Roca es vista sorpresivamente. Luego de un ascenso en las montañas, un letrero indica el desvío a la cuarta parroquia del municipio Uribante.


Laguna de García, y su pueblo alrededor de ella

Sin laguna este lugar no sería de interés para algunos; sin embargo, para aquellos aventureros algunas rutas se pueden tomar como las conocidas Cuevas de “El Encanto” así como la cumbre al Púlpito. Es necesaria la orientación de baquianos para llegar a estos lugares, ya que los caminos no están definidos ni mucho menos señalizados. Acampar en la laguna puede ser una opción aunque algunos comentan que se debe pedir permiso. Sin duda, estas tierras compradas por Antonio García en época colonial son una clara representación de un poblado andino: casas de baja altura con tejas de barro.

Cuando llegamos al lugar en la noche, conocimos a un joven de la familia Ceballos, quién nos comentó que en Laguna de García las personas están dedicadas a su trabajo, y pocas veces tienen contacto con el visitante. Aun así, se pueden conseguir algunas bodegas como la de Don Antonio Medina en donde venden bebidas tradicionales para calentar el cuerpo del frio paramero.

Laguna de García es un lugar muy sencillo pues no tiene muchas calles, su casco central lo conforma el templo Sagrado Corazón de Jesús con su plaza con detalles en terracota, y el busto típico del Libertador por Arturo Ruz. De origen de aguas subterráneas la laguna reposa en todo el centro del lugar con casi 150 metros de diámetro; por lo general, muy pocos se bañan en ella pues dicen que está encantada. Algunos han tenido la oportunidad de realizar paseos en bote, así como pescar algunas carpas comunes (cyprinus carpio), peces exóticos de origen asiático.

Al siguiente día regresamos a la carretera principal, la última foto del pueblo fue en el puente sobre el río Pedernales, el cual nace de la laguna Las Mellizas. Al llegar a la salida, continuamos el ascenso por el subpáramo andino. Otras aldeas como Boca de Monte y Valle Plateado, otras panorámicas muy distantes se observan. La última parada fue en la humilde bodega “Las Chamas”. Allí degustamos de unas empanadas con chocolate caliente.

Llegó el fin de la travesía por las serranías del Uribante, por toda la carretera trasandina hemos llegado a la Grita, la Atenas del Táchira pero ese es otro cuento. Nos queda de Pregonero un acento pintoresco y buena impresión de sus habitantes: los chácaros, con sus chacharitas guardando el michito blanco, y las chácaras con sus cachetes rosados. Pregonero tiene muchos lugares por descubrir ante una cantidad de nacientes y elevaciones montañosas. ¿Nos vamos?


Serranías del Uribante | Texto y fotos: Yoser Linares


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