Hacer el bien sin mirar a quién

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CRÓNICAS DE VIAJES

Hacer el bien sin mirar a quien / por Arquímedes Machado

Lo que aprendí recogiendo basura en la playa


En un recorrido reciente por diversas playas del Estado Miranda (Venezuela), pudimos apreciar con satisfacción (y también con algo de sorpresa, debemos confesar) que algunas personas, en su mayor parte visitantes ocasionales, se estaban tomando la molestia de recoger, sin ninguna vergüenza, la basura que otros habían dejado tirada sobre la arena.

Asimismo, cuando llegamos a La Playita, auténtica piscina natural, de escasa profundidad y rodeada de manglares que se ubica en la bahía de Carenero, los empleados de un pequeño quiosco de comida nos entregaron unas bolsitas plásticas apenas bajamos del bote peñero que nos llevaba… Esta es una medida simple que busca crear conciencia entre los visitantes. Sin embargo, consideramos que hay que ir más allá. Hay que pedirle al visitante que al final del día se lleven sus bolsas, ya llenas, y que las coloquen en un contenedor adecuado, preferiblemente en sus lugares de origen.

Bien, en La Playita alquilamos un toldo, que incluía dos sillas y una mesita, y nos sentamos a disfrutar un buen rato de este hermoso lugar. Más tarde, pedimos un pescado frito (el cual nos llevaron a donde estábamos sentados). Y poco después de terminado el almuerzo, se nos acercó alguien con una gran bolsa negra y nos pidió que arrojáramos en ella los desperdicios. Pensamos que era alguien que trabajaba con los locales de comida… pero no, era otro visitante más igual que nosotros. Conversamos con él y nos dijo que era una actividad que hacía siempre que visitaba esta y otras playas. Lo hacía por iniciativa propia, recogía la basura regada y luego amarraba las bolsas en una moto de agua para llevarlas a un contenedor de basura en la Capitanía del Puerto de Carenero.

Al día siguiente visitamos otras playas, y en San Francisquito nos llamó también la atención el trabajo que hacía Lester Martínez, un joven artesano que muestra y vende sus collares, pulseras y otros productos a lo largo de la playa mientras se dedica, con la ayuda de una pequeña cesta de malla y alambre (que él mismo confeccionó en forma de cucharón y con un largo mango) a recoger las colillas de cigarrillos que va encontrando en la arena a medida que recorre de un lado al otro la playa.

Estos son pequeños ejemplos que ya hemos mencionado en otras páginas de ExplorandoRutas. Son simples y sencillas iniciativas personales, pero muy valiosas en cuanto al ejemplo y la enseñanza que nos transmiten. Las hemos querido traer nuevamente a colación como introducción a un texto escrito por un amigo de nuestro portal, Arquímedes Machado, de quien ya hemos publicado anteriormente otros artículos.


Hacer el bien sin mirar a quien…  / por Arquímedes Machado

La semana pasada tuve la oportunidad de escaparme a la costa de Aragua. Nos fuimos a Puerto Colombia (Choroní) y pasamos la semana entera por aquellos lares. Previo al viaje, y sabiendo que iríamos a la playa todos los días, guardé en mi morral varias bolsas plásticas (de las que te dan en el mercado) para encargarme de hacer mi acostumbrada operación de limpieza en la playa.

La verdad es que la playa aparentemente no se veía tan sucia, sin embargo fue bastante fácil llenar 4 bolsas de basura en sólo 3 días, limpiando la zona alrededor de donde nos instalábamos o de camino a comprar tostones y/o empanadas. No fue para mí una sorpresa que fuese tan fácil llenar estas bolsas, pero esta vez si me sorprendió un poco las reacciones de las personas que estaban en la playa y que vieron la labor que realizaba. Es de estas reacciones que hoy quiero hablarles.

Reacción pobre pana: En algunos casos, la gente que veía que recogía basura, me hacía llegar un mensaje sólo con su mirada, que decía algo como: “este pana, con tan buena intención de limpiar pero no se da cuenta que no va a poder limpiar toda la playa”. Ante este mensaje, siempre doy este ejemplo: las acciones que realizo en pro del ambiente puede que no logren cambiar el mundo, pero definitivamente sí logran cambiar mi mundo interior (pues siento que mi aporte existe y me siento feliz de poder realizarlo).

Reacción felicidades pana: En una ocasión, luego de llenar una de las bolsas y ponerla al lado de mis silla para llevármela luego, pasó por mi lado un panita y me dijo algo como: “Felicitaciones pana, eso que has estado haciendo no lo hace cualquiera, que bueno que exista gente como tú”. La verdad es que el apoyo moral es bueno, sobre todo cuando ese apoyo moral ayuda a fortalecer una idea que estás convencido a seguir pero que a veces cuesta. Sin embargo, no vi que este pana, luego de felicitarme, tomara una bolsa e hiciera algo parecido (espero que al menos se haya llevado la basura que él generó).

Reacción ¿Pana, te puedes encargar de esto?: En una oportunidad, un cuasi vecino, que había acumulado la basura que generó en varias bolsas de chucherías, me pidió colocar sus desechos en mi bolsa. Sonreí y abrí mi bolsa esperando a que él la llenara parcialmente. Me dio las gracias y yo seguí en lo mío. Es posible pensar que, si yo me encargo de mi basura, ¿por qué este cómodo no se encarga de la suya? Prefiero pensar de otra forma: menos mal que me la dio a mí y no la dejó ahí mismo en donde estaba acumulada.

Reacción yo también puedo ayudar: A pesar que es de las mejores reacciones que puedo esperar, es la que menos se produce. En este caso, una señora, que fumaba, al verme recoger incluso las colillas de cigarros dejadas en la playa, decidió ponerse a recoger los que ella había tirado y las que consiguió a su alrededor, utilizando una lata como contenedor. A ella le di las gracias por ayudarme y se sonrojó, tal vez un tanto apenada.

Lo cierto es que, en cualquiera de los casos, las reacciones de los otros ante lo que es tu acción, siempre podrá influenciar un cambio (o no) en ellos, pero más importante es tener presente que también pueden influenciar un cambio en ti y eso también es importante cuidarlo. Si le hubiese prestado mucha atención a la reacción “pobre pana”, es posible que en el corto plazo me hubiese cansado de recoger basura. Si le hubiese prestado mucha atención a la reacción “felicidades pana” tal vez hubiese sentido que lo que hice fue suficiente y mi yo interior pensaba distinto. Si le hubiese prestado mucha atención a la reacción “pana te puedes encargar de esto”, hubiese podido reaccionar de manera negativa y decirle: No, encárgate tú de tu basura, haciendo que pudiese terminar en una molestia innecesaria para ambos y en una basura abandonada en la playa. Si le hubiese prestado mucha atención a la reacción “yo también puedo ayudar”, tal vez hubiese descargado la responsabilidad en el otro y es justo por descargarla en el otro que las playas están como están.

Es por todo lo anterior que te recuerdo algunas cosas que me parecen importantes:

Siempre que vayas a la naturaleza, llévate una o varias bolsas plásticas y encárgate de colocar en ellas la basura que generas tú y si puedes, tráete un poco de la que dejaron los otros, es decir, deja el lugar mejor de lo que lo conseguiste.

Una vez que llenes las bolsas, no las coloques en la cesta de basura que está en donde fuiste. No sabemos cada cuánto recogen la basura en ese sitio, así que lo mejor es que te devuelvas con estas bolsas a tu casa y las botes en el pipote de basura que sabes que el aseo si recogerá.

Siempre recuerda a Miguel Angel Landa y haz el bien sin mirar a quién.

Puede que afectes positivamente a los otros con tus acciones, lo que siempre será bueno, pero no dejes que ellos te influencien negativamente a ti. Toma lo bueno de su influencia (si existe) y descarta lo malo. No permitas que por recoger la basura de otros te contamines tú con ella.


Texto: Arquímedes Machado.


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