Cascadas de La Fundación

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CRÓNICAS DE VIAJES

Cascadas de La Fundación | Estado Táchira, Venezuela


Antes de llegar a Pregonero –la capital del municipio Uribante del Estado Táchira− hay un asentamiento de paso: La Fundación, la cual es el epicentro del viaje. Allí se ubican las primeras casas, los primeros comercios y las diferentes vías hacia aldeas aledañas. Por supuesto, los espacios naturales no pueden olvidarse ya que son ellos los protagonistas de la aventura.

Muy temprano nos dirigimos al terminal de pasajeros Genaro Méndez para tomar el autobús que cubre la ruta hacia Pregonero. Cinco personas formaron parte de la excursión: José Luis, guía de la ruta; Karly, adicta de las fotos; Anderson, amigo del trekking; Rocío, amante del yoga; y Andreina, montañista de Mérida.

Con la mochila al hombro, cámaras bien cargadas, y la mejor disposición comenzamos la ruta.

El clima desde el inicio era caluroso, pues vamos en dirección hacia la depresión del Táchira; encrucijada entre los llanos occidentales y las montañas andinas. El autobús se dirige por la carretera vía Barinas. Sin embargo, luego de pasar diferentes entradas en sectores del municipio Torbes, con algunas casas a orillas de la carretera, hacemos un desvío a mano izquierda para entrar al poblado conocido como Chururú. Allí hacemos otra pequeña parada, pues la ruta conduce a diferentes caseríos pertenecientes al Uribante. Se sigue en la carretera acompañada del río a uno de sus lados, y con algunos tramos deteriorados por grietas y barro en unas cuantas curvas.

Empieza el ascenso y se observan de nuevo las montañas; atrás dejamos tierras calurosas para introducirnos en paisajes con presencia de ganado vacuno. De nuevo unas cuantas curvas para luego sentir un leve descenso, se han dejado atrás otros caseríos que aún se mantienen  gracias a la agricultura. Pasadas las horas en la carretera, una calle empedrada con piedras de canto pelado indica que se ha llegado al pueblo central de la historia: San José de La Fundación.

La Fundación
La Fundación, una parada obligada para quienes viajan a Pregonero

Capital de la parroquia Cárdenas y poblada a mitad del siglo XX, La Fundación es parada obligatoria para los que viajan a Pregonero vía los llanos. En este lugar unos cuantos comercios y un pequeño merendero acompañado de la Iglesia San José, construida a mediados de 1929; cerca también la plaza Bolívar con su histórico árbol de mango. El camino continúa hasta llegar a una de las casas de los anfitriones, la familia Jaimes Guerrero. En la casa se encontraban la señora Lina y dos pequeños.

Ya estando en este lugar surgió una pequeña confusión, pues no sabíamos qué debíamos dejar o qué debíamos llevar. Por supuesto, era un viaje planificado pero son “cosas que pasan cuando no se preguntan bien las cosas. Solucionado el asunto, todo se empacó finalmente en costales que serían la carga de dos de nuestros acompañantes: Macho Chiquito y la Parda, dos mulas. Luego, entre la compra de alimentos que faltaban para completar el menú y el aprender a arriar las bestias que llevaban toda la carga, terminamos los últimos detalles para empezar el trekking.

Unas cuantas horas entre carretera de cemento, siguiendo la calle Márquez, la cual fue perdiendo forma en su descenso hasta convertirse en un camino de paso de bestias. El uso de botas de caucho es necesario, pues el lodo se hace presente. Al bajar por el sendero nos conseguimos con la quebrada La Fundacionera, llamada así en ese sector, y que tal vez forma parte del río Uribante. Dicha quebrada debió atravesarse; por supuesto, el bajo nivel del agua y su suave corriente lo permitió.

El camino se hacía nuevamente complicado, pues debíamos cruzar un potrero con zonas pantanosas; sin embargo, nada difícil cuando se camina constantemente. El sendero cada vez era más elevado, pues se acerca a las laderas de la montaña.

Ya teníamos a la vista la finca donde nos quedaríamos hospedados. El señor Pedro junto a su esposa Ítala nos recibieron cordialmente. La finca Santa Cruz está dispuesta de forma muy sencilla pero cuenta con los servicios básicos necesarios. En ella, varios animales de granja: vacas, puercos, gallinas, acompañados de Pancha y Muñeco, dos gatos traviesos.

El almuerzo se posterga, las ganas de conocer las cascadas intrigaban al grupo, por lo que se dejó la carga y rápidamente emprendimos el recorrido a uno de los tantos lugares por conocer.

Con poco equipaje y solo comida de marcha −llamada así la que se lleva en una travesía por la montaña−, llegamos a la cascada El Chigüire. Un baño refrescante fue la primera opción para todos, incluso para Chocolate y Rebusque, los perros de la finca.

Luego de algunos saltos en el pozo que allí se forma, fotos de grupo e individuales, retornamos a la casa de campo, pues ya era tarde.

Aunque la primera cascada produjo fascinación, el cansancio era evidente. Llegar, comer, bañarse, hablar y dormir, fueron las acciones para resumir lo que fue del día.

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Arepas asadas sobre un budare en fogón de leña

Desde muy temprano se hizo el desayuno, de la manera más tradicional: a la leña. A pesar de que en zonas rurales ya ha llegado la electricidad, las personas aprovechan al máximo la luz del día: ordeñar vacas, cosechar caña de azúcar, pelar guineo (una variedad del plátano), fueron algunas de las actividades que realizamos en la finca Santa Cruz. Una clase de yoga para Karly dictada por Rocío acompañado de un buen desayuno fue la despedida en la finca para explorar la ruta de las cascadas.

De nuevo, con la compañía de los perros, recorrimos el sendero atravesando tierras encercadas hasta llegar a orillas de la quebrada. El uso del machete fue necesario para dejar marcas que guiarían el retorno.

Siguiendo la corriente de La Fundacionera caminamos entre sus curvas, piedras y espacios de arena. Del lado izquierdo se veían chorros de agua que bajaban de la montaña, producto de la escorrentía, algunos más pronunciados que otros. Allí hicimos una pequeña parada para tomar agua y mojarnos el cuerpo. Continuamos el camino hasta llegar a la salida de un riachuelo que conecta con la quebrada, siendo éste la entrada hacia la primera cascada.

Otro baño, pues una caída de agua estaba presente en el camino formando un pequeño pozo con fondo de arena, producto de la erosión, cascada Agua Linda la llaman algunos. José Luis indicó seguir, ya que realmente faltaba mucho por conocer. Así, continuamos en la pluvisilva, en donde destacaba la presencia de grandes árboles.

Dentro del bosque nublado llegamos a otra cascada sin nombre asignado. La dimensión del salto era leve pero con gran altura, en el fondo un pequeño pasadizo que bordea gran parte de la pared de piedra, una ranura que a primera impresión parece una caverna pero la curiosidad al acercarse deja claro que no lo es. Hicimos una larga pausa para fotos donde Andreina lució su traje de baño; y los demás usaron la bandera nacional y estadal sintiéndose orgullosos de las maravillas naturales que tenemos.

Retornamos a la quebrada La Fundacionera pero no para regresar, pues quedaba otro espacio por conocer. Avanzamos por el camino, de nuevo otro desvío, esta vez todo el trayecto sería con la presencia del agua; por lo que la mayoría de los bolsos que llevábamos debieron quedarse en la entrada sin temor a ningún riesgo, ya que estábamos dentro de la montaña, sin nadie cerca.

Irse por la orilla fue la opción del grupo; sin embargo, hubo momentos en que era necesario atravesar pozos de escasa profundidad hasta llegar a una piedra gigante. Desde allí, se puede observar la Cueva de Los Lobos y al fondo una cascada que esconde una cavidad de roca lutita. Un escenario de relieve jurásico que sorprende al excursionista. Ahí se supo que Anderson no sabía nadar, luego los demás dieron unos cuantos saltos al pozo, por medio de un tronco atravesado, para luego retornar a buscar los bolsos.

Luego, continuamos el recorrido donde el uso de cuerda se debe siempre considerar. Recordando que el sitio es una zona boscosa, con el mayor cuidado atravesamos una ladera de la montaña entre grandes peñones, ramas pronunciadas y árboles de gran altura. Al bajar por una pequeña escalera natural de rocas, encontramos una laja gigante por donde se desliza el agua formando una especie de tobogán natural, el cual dejamos rápidamente pues faltaba por conocerse la última cascada.

Un pequeño barranco es la única forma de llegar al lugar, y con el uso de la cuerda todo fue más fácil. Estando en la cima, el sonido del agua anunciaba el último tramo de la ruta. Así, llegamos a la que al parecer era la última cascada del trayecto y con nombre aún por definir, ya que algunos le dicen cascada Los Guácharos, por la presencia de tales aves, mientras otros le asignan también el nombre de cascada Cueva de Los Lobos. Indiferentemente del nombre toponímico, el lugar complació las expectativas de todos con su gran altura y pozo profundo. Allí estuvimos un rato, comimos algo y nos dimos el último baño, si bien algunos ya tenían frío.

Sin duda, el espacio es una gran abertura natural que aún conserva el paso del agua gracias a su ciclo natural. Para finalizar, la lluvia llegó sin avisar; tal vez queriendo la madre naturaleza dar una señal que debíamos retirarnos del lugar, así cuentan.

De regreso todo fluyó con normalidad, sin inconvenientes; por lo que nos trasladamos a la finca. Cayó el atardecer, un buena cena acompañada de algunos relatos dieron el final de la noche.

Al siguiente día todo se preparó para la despedida: un desayuno criollo, bolsos nuevamente en costales, firmas en el cuaderno de visitas y la postal para recordar el viaje. Ante tal situación la señora Ítala estuvo a punto de llorar; tal vez para ella la rutina volvía, o el hecho de vernos ir era traer a su memoria cuando sus hijos también partieron de casa.

Así termina la ruta por las cascadas de La Fundación.

Ya de regreso a La Fundación esperamos el transporte un domingo por la tarde acompañados de otras personas del lugar. Atrás hemos dejado las cascadas, la finca y a la familia Jaimes Guerrero, gente trabajadora y cordial.


Cascadas de La Fundación | Texto y Fotos: Yoser Linares | yoserlg2@gmail.com


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Cascadas de La Fundación Yoser Linares

Cascadas de La Fundación, Estado Táchira, Venezuela
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