Magia y colorido del otoño

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Magia y Colorido del otoño | Colores del Otoño


Magia y colorido del otoño

/ por Jesús Osilia


Muchos árboles adquieren tonos rojizos durante el otoño
Las hojas de muchos árboles adquieren tonos ocres y rojizos durante el otoño

Así como la primavera se asocia con el despertar de la naturaleza y el renacimiento de la vida, el otoño, por el contrario, se relaciona con momentos de plenitud y compleción, de culminación y tal vez de melancolía; cuando la naturaleza va aliviando progresivamente su ritmo para entrar en una etapa de relajación y de silencios, de quietud, reflexión y en definitiva de expiración. Ésta es la imagen que casi todos asociamos con el otoño.

Pero la magia y colorido del otoño van mucho más allá. En lo personal, prefiero verlo como el momento dorado de la creación, cuando felizmente ha sido completado un ciclo de trabajo y la naturaleza descansa mientras se organiza para comenzar otro; cuando el sol ya no arde tanto como en verano; cuando las noches comienzan a ser más largas y los días más cortos; cuando inician las lluvias y un fresco aroma a tierra mojada impregna el ambiente…

El otoño es un momento maravilloso de cambios en el ciclo natural, en donde las hojas comienzan a teñirse lentamente con tonos ocres y carmines antes de dejarse caer profusamente de los árboles.

Y ésta, tal vez, fue la visión que inspiró hace más de trescientos años al célebre músico veneciano Antonio Vivaldi (1678 – 1741) para componer el Concerto Nº 3 en fa mayor, Op. 8, RV 293, «L’autunno» (El otoño), uno de los cuatro célebres conciertos para violín y orquesta contenidos bajo el título de «Le quattro stagioni» (Las cuatro estaciones).

En el primer movimiento –un allegro–, Vivaldi nos hace sentir la alegría de los hombres del campo al ver que sus cosechas han sobrevivido a los rigores del verano. En el segundo movimiento, más lento y sosegado, ya dejada atrás la celebración, Vivaldi nos hace partícipes de una calma bucólica, el sueño profundo después de los excesos de la fiesta.

Por último, Vivaldi nos hace sentir la creciente ansiedad de tales hombres ante la inminente llegada del invierno, su preocupación por poder cosechar a tiempo los productos de la tierra, el tener que salir de cacería para proveerse de carnes y prepararse para afrontar juntos los rigores de los meses que se avecinan.

Otros árboles solo se visten de amarillo antes de dejar caer sus hojas
Otros árboles solo se visten de amarillo antes de dejar caer sus hojas

De donde provengo no se conoce la magia y colorido del otoño. Nací en Venezuela, un país ubicado entre los trópicos de Cáncer y Capricornio, justo en medio de la franja intertropical. Allí, desde luego, hay árboles que pierden sus hojas en determinada época del año, pero no es tan profuso ni colorido como ocurre durante el otoño en las regiones templadas del planeta.

Ahora vivo al sur de la América del Sur, una región en donde el otoño y demás estaciones climáticas se hace presente con todos sus aromas, formas, texturas y colores sobre la zona central y sur de Chile y Argentina.

En esta región la magia otoñal comienza con el denominado equinoccio de otoño (20 o 21 de marzo) y finaliza con el solsticio de invierno (21 de junio).

No puedo dejar de mencionar los otoños que viví y disfruté en el hemisferio norte del planeta –más específicamente en España–, en donde comienza el 23 de septiembre y finaliza alrededor del 21 de diciembre.

En ambas latitudes, el otoño se caracteriza por la caída de las hojas de los árboles caducifolios (es decir, de aquellos que renuevan sus hojas cada año) y se mantienen así hasta la llegada de la primavera. Ello, sin duda, produce un cambio dramático en el entorno, ya que en pocas semanas se pasa de tener una foresta verde alrededor a un confuso entramado de ramas desnudas y en apariencia secas y sin vida.

Un lecho de hojas que invita al descanso
Un lecho de hojas que invita al descanso

A medida que avanza el otoño las hojas van cambiando paulatinamente de color y el verde desaparece mientras surgen distintas tonalidades de ocres, amarillos, naranjas y rojos según cada especie arbórea. Así, las calles y jardines se cubren con un profuso manto de hojas caídas y el caminar se acompaña con un sonido bastante peculiar.

El espectáculo es maravilloso.

En días pasados, y a través de las redes sociales, pude leer en las cuentas de los distintos ayuntamientos y municipalidades de ciudades como Santiago y Buenos Aires (y otras más de Chile y Argentina) la manera en que exhortaban a los vecinos a barrer y recoger las hojas de las veredas a fin de evitar la obstrucción de los desagües y prevenir accidentes al caminar, mientras que los ecologistas clamaban por no retirarlas de los parques y jardines ya que al hacerlo se interrumpía un ciclo natural y necesario en los ecosistemas locales. Unos y otros tienen razón.

Lo anterior me hizo recordar un comentario hecho hace muchos años por Leo Buscaglia en uno de sus libros. El autor confesaba que el otoño era su estación preferida y que le gustaba tener su jardín tapizado con las hojas caídas durante la temporada. Pero ante la insistencia de sus vecinos para que las quitara decidió recogerlas y echarlas todas en el living de su casa y disfrutar así el placer de caminar y sentarse sobre ellas.

Ciertamente, el otoño tiene su propia y cautivadora magia y encanto, y cada quien su modo de disfrutarlo.


Magia y colorido del otoño | Colores del otoño

Texto y fotos: Jesús Osilia | Promotor Turístico y Bloguero de Viajes.


Las hojas caen y las ramas se muestran desnudas y, en apariencia, totalmente secas
Las hojas caen y las ramas se muestran desnudas, y en apariencia, totalmente secas

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