Mono Capuchino común

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CONOCIENDO LA BIODIVERSIDAD DE SURAMÉRICA

La mancha oscura sobre la cabeza
La mancha oscura sobre la cabeza, en forma de capucha, es la razón de su apelativo

El mono capuchino común (Cebus olivaceus) es el primate de mayor distribución en Venezuela, Colombia, las Guayanas y norte de Brasil, y por ende uno de los más conocidos.

Su vida transcurre en los estratos altos del bosque, aunque bajan con frecuencia al suelo en busca de agua o comida. Son muy ruidosos cuando se desplazan, saltando de rama en rama, o cuando buscan su alimento entre la hojarasca. Es un animal generalista en su dieta, es decir, puede consumir todo lo que su hábitat le proporcione: frutos, bayas, hojas, semillas, tubérculos, insectos y pequeños vertebrados, entre otras cosas.

Hay tres especies muy similares en Venezuela: el mono capuchino pardo (Cebus apella), presente al sur del Estado Amazonas y en la isla de Margarita; el mono capuchino cariblanco (Cebus albifrons), presente en el Lago de Maracaibo, en la vertiente sur de la Sierra Nevada, en el piedemonte barinés en el extremo occidental de los llanos apureños y en el Estado Amazonas; y el mono capuchino común (Cebus olivaceus), cuyas fotos ilustran esta página.

Son animales diurnos y de costumbres gregarias, es decir, viven y se desplazan en grupos pequeños (usualmente entre 8 y 15 individuos). Tienen el pelaje algo largo y erizado, de color pardo oscuro, la cabeza es un poco más clara y cremosa, con una mancha negruzca distintiva que le llega hasta la frente. El rostro es achatado, desnudo y oscuro. Tiene una cola larga y peluda, prensil, con el extremo enrollado. Se reproducen durante todo el año. La hembra pare una sola cría y la lleva sujeta en la espalda por varios meses, enseñándole todo lo que necesita para subsistir.

Es un animal curioso y sociable
Es un animal curioso y sociable

En algunos parques públicos y zoológicos del país hay pequeñas poblaciones de capuchinos que viven en completa libertad, pero que se mantienen en el lugar porque allí obtienen alimento de manera segura. No somos partidarios de alimentar a estos animales con chucherías, pero muchas veces son ellos mismos quienes se las proveen. En los parques La Llovizna y Cachamay, en Ciudad Guayana, a orillas del río Caroní, hemos visto en muchas ocasiones cómo bajan al suelo y se acercan con sigilo a los visitantes para arrebatarles galletas y bolsitas de chucherías, incluso latas de bebidas o gaseosas, para luego correr a un árbol cercano y disfrutar del botín.

Es una especie que tolera vivir en diversos tipos de ambientes, incluso muy perturbados, y es el primate que vemos con más frecuencia en zoológicos o como mascota. En este sentido, debemos aclarar que en Venezuela el comercio de fauna silvestre está prohibido, pero lamentablemente hay un vacío legal en cuanto a la tenencia de animales silvestres como mascotas.

Pese a la prohibición, en algunas carreteras de Venezuela es frecuente ver personas exhibiendo monos, boas y aves para la venta, entre otros animales. Muchas veces lo hacen bajo la mirada complaciente –y en ocasiones, cómplice– de los funcionarios que tienen a su cargo labores de control, vigilancia y resguardo ambiental en tales vías. Por ejemplo, a quién de ustedes no le ha pasado que al detenerse en una alcabala o punto de control para denunciar este hecho, la respuesta casi ineludible de los funcionarios es que van a enviar una comisión para verificar –es mejor que usted no espere a que salga la comisión–, o les dicen que no tienen funcionarios disponibles en ese momento y que ellos no pueden dejar solo el lugar. Otros, son más sinceros y nos dicen que las autoridades los liberarán poco después de ser detenidos, sin ser procesados. Solo cuando la orden viene de “más arriba” se ejecutan acciones legales en su contra y se decomisan los animales.

Su larga cola les sirve para colgarse y controlar el equilibrio
Su larga cola les sirve para colgarse en las ramas y mantener el equilibrio al desplazarse entre ellas

Pero no es solo en las carreteras, la venta ilegal de fauna silvestre también tiene lugar dentro de las grandes ciudades, en locales que comercian animales domésticos o de corral (no todos, desde luego), en donde el vendedor afirma poder conseguir cualquier especie animal al comprador interesado. O más grave aún, mediante el uso de los conocidos portales de compra-venta en Internet. Y si usted decide navegar un poco por la web, encontrará un sinnúmero de páginas que aconsejan acerca de la manera “correcta” de mantener a los monos capuchinos en jaulas por muchos años… y según ellos, felices.

En consecuencia –así lo creemos nosotros y muchas organizaciones no gubernamentales dedicadas a la protección del ambiente–, la solución está no solo en perseguir al traficante y acabar con el comercio ilegal, sino en educar a la población, al cliente potencial que transita eventualmente por esos caminos, a la persona que piensa que comprando a ese pobre animalito le está salvando la vida, y de paso, está colaborando en la protección de su especie…

Es a estas personas a quienes queremos dedicarles algunas líneas. Cuando los monos bebes son capturados en la selva, usted podrá dar por sentado que sus captores han tenido que matar a la madre para llegar a ellos. Y si el vendedor les dice que es criador (lo cual tampoco es legal, porque su intención claramente se basa en el comercio de fauna silvestre, y ello está prohibido en el país) es porque tiene algunos animales en cautiverio a quienes les arrebatan las crías a los pocos días de nacer para que puedan familiarizarse con mayor facilidad al humano; un procedimiento no menos cruel.

Los monos capuchinos no son mascotas
Los monos capuchinos no son mascotas

Bien, al principio el feliz nuevo propietario de un mono capuchino –o cualquier otro primate– lo exhibirá orgulloso ante sus amigos y lo llevará colgado al cuello por la calle, ya que no todos tienen uno y eso llama mucho la atención, y además porque es un animalito muy sociable, juguetón, cariñoso, dócil y afectuoso… que invariablemente terminará sus días encadenado o confinado en la soledad de una sucia jaula en el jardín trasero de la casa. Y esto, lamentablemente, lo hemos visto en no pocas ocasiones a lo largo de los años.

El mono capuchino, como todo primate, tienen un sistema emocional bastante complejo, algo similar al de los humanos. Son animales sociales, que requieren contacto físico, atención y afecto, que necesitan interactuar con sus congéneres, que tienen asociaciones afiliativas entre individuos.

Son animales curiosos y muy activos, juguetones y de rápidos movimientos; un verdadero desastre dentro de cualquier hogar. Además, cuando los monos alcanzan su madurez sexual, y en razón de los mismos cambios hormonales que nos afectan a nosotros y a nuestros adolescentes, su conducta y comportamiento cambian de manera ostensible. Así, pueden tornarse agresivos y hasta peligrosos para sus dueños, y es aquí cuando la solución más rápida y sencilla es encadenarlos o encerrarlos.

Probablemente algunos de ustedes pensarán que, llegados a este punto, lo mejor sería soltar al animal para que viva libre en el bosque… El problema está en que ese mono nunca aprendió a valerse por sí mismo, no sabe cómo conseguir refugio y alimento en la naturaleza, no sabe cómo defenderse de sus depredadores y ni siquiera sabe cómo comportarse ante sus congéneres, quienes seguramente lo evitarán o rechazarán de manera bastante agresiva. El resultado es que el lindo y cariñoso monito con el que anteriormente se jugaba y mostraba con orgullo, terminará muriendo de hambre. Otras personas tal vez decidan entonces “donarlo” a un parque zoológico en donde también es posible –si es que allí se lo aceptan– que termine sus días en una celda solitaria si el resto de los animales en cautiverio lo rechazan. Otros más dirán que los capuchinos soportan bastante bien la cautividad… Pero, ¿cuál es la razón de tenerlos cautivos en una casa en vez de que anden libres en la naturaleza?

Finalmente, solo queremos pedirles una vez más que no compren animales silvestres en la carretera, ni siquiera por lástima. Cuando los compran no están contribuyendo de ninguna manera en la conservación de su especie. Simplemente, es un incentivo para que continúe la caza y el comercio ilegal.


Texto y Fotos: Jesús Osilia


Mono capuchino común (Cebus Olivaceus)
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