Caracol Gigante Africano

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Caracol Gigante Africano (Achatina fulica)
Caracol Gigante Africano (Achatina fulica)

El caracol gigante africano (Achatina fulica) en Venezuela

Es el molusco terrestre más grande del mundo, y ha sido catalogado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como una de las cien especies más invasoras del planeta.

Originario de la costa este de África, el caracol gigante africano (Achatina fulica) se ha extendido por gran parte de Suramérica y las islas del Pacífico, a donde fue llevado para establecer criaderos ilegales para el comercio de su carne o para elaborar cosméticos, y también para ser vendidos como mascotas.

Puede medir entre 10 y 30 centímetros de largo. Su concha es de forma cónica y presenta un patrón difuso de rayas alternas longitudinales marrón oscuro y beige, o amarillento en el caso de los juveniles. La piel es marrón oscura, de apariencia gomosa y aspecto húmedo. Tiene dos pares de tentáculos, uno largo en la parte superior de la cabeza y otro, más pequeño, por debajo de los primeros.

Es un animal terrestre y de hábitos nocturnos, aunque pueden verse durante el día luego de una lluvia fuerte. Es esencialmente vegetariano, se alimenta de todo tipo de plantas (principalmente de las hojas), pero puede adaptar fácilmente su dieta al medio en el que se encuentra, y alimentarse también de desperdicios y excrementos.

Además, tiene una elevada tasa de reproducción (hasta 1.200 huevos al año en cinco o seis posturas) con un crecimiento bastante rápido; lo cual lo lleva a ser considerado como una especie de muy alto riesgo para los cultivos agrícolas, especialmente los de hortalizas; aunque también puede causar graves daños en los de café, cacao y otras especies frutales.

Por otra parte, se ha podido comprobar que el caracol gigante africano constituye una grave amenaza para la salud del hombre, por cuanto es portador de dos especies de nematodos (parásitos que se alojan en los tejidos fibromusculares del animal y están presentes en sus secreciones) que pueden causar diversas afecciones como meningoencefalitis eosinofílica, que puede ser fatal, o angiostrongiliasis abdominal, la cual causa graves afecciones gastrointestinales (vómitos, diarreas, y hasta peritonitis). En efecto, la baba del caracol africano puede infectar al hombre de manera directa cuando éste lo ha manipulado sin usar guantes, o de manera indirecta cuando ingiere frutas y hortalizas que han estado en contacto con el caracol y no han sido lavadas de manera adecuada.

Al parecer, esta especie fue introducida en Venezuela a mediados de los años 90, y hasta el momento ha sido vista en los estados Sucre, Apure, Monagas, Delta Amacuro, Anzoátegui, Nueva Esparta, Miranda, Aragua, Carabobo, Portuguesa y Lara, así como en algunas zonas de Caracas.

Es muy importante que esta especie no sea confundida con la Guácara criolla (Megalobulimus oblongus), un caracol nativo muy parecido al africano pero de menor tamaño y totalmente inofensivo para los seres humanos. Además, la coloración de la concha de la Guácara es mucho más clara y uniforme, sin rayas. Como dato adicional, debemos señalar que las poblaciones de la Guácara, anteriormente muy numerosas en el oriente del país, han disminuido considerablemente. Es muy probable que el hecho se deba a la presencia invasiva de la especie africana.

No obstante lo anterior, resulta contradictorio ver la cantidad de páginas en Internet que hablan de los cuidados de esta especie cuando está en cautiverio; es decir, como mascota o parte de una colección particular. Pero no dicen nada de los riesgos que implica la tenencia de este animal para la salud de las personas o para el ecosistema en donde se encuentran; que por lo general es muy distinto de aquel en donde la especie se ha desarrollado.

Es necesario entender que no todas las especies animales son mascotas ni deben ser tratadas como tales. Toda especie es importante y necesaria dentro del nicho ecológico que ocupa y ha ocupado de manera natural, pero cuando son extraídas de allí y liberadas luego en otro lugar, ya sea de manera intencional o accidental, pueden llegar a romper el equilibrio ecológico de este último. Es algo que se ha visto y demostrado muchísimas veces a lo largo de los años: la disminución o extinción de las poblaciones de una o varias especies en un ecosistema determinado como consecuencia de la introducción de una nueva especie que desplaza o preda a las locales. En los Estados Unidos, por ejemplo, se ha prohibido la entrada y comercio de esta especie, y su tenencia es ilegal. Lo mismo ocurre en otros países.

La presencia del Achatina fulica en nuestros jardines no debe ser tomada a la ligera, pero tampoco es cuestión de alarmarse y entrar en pánico. Lo primero que debemos hacer es notificar a las autoridades sanitarias locales, principalmente si la presencia del caracol es masiva.

Su erradicación es bastante difícil, pero podemos controlar su proliferación mediante simples técnicas caseras. Lamentablemente debemos matarlos, y todos los métodos recomendados para ello resultan en extremo crueles. Pero en tanto no se descubra una manera natural de controlar a esta especie sin poner en peligro a las autóctonas, pensamos que es preciso acudir a ellos.

Las autoridades recomiendan lo siguiente:


  • Recolectarlas manualmente usando guantes de goma o envolviéndose las manos con bolsas plásticas.
  • Sumergirlos por un lapso de tres a cuatro horas en un recipiente que contenga una mezcla de dos partes de agua por una parte de cloro, para romper los tejidos y matar los parásitos. También pueden ser arrojados en el interior de una bolsa plástica llena de cal.
  • Posteriormente, deben enterrarse en una fosa de 40 o 50 centímetros de profundidad o quemarlos, teniendo en cuenta que al final deben triturarse las conchas para evitar que acumulen agua de lluvia y se conviertan en potenciales criaderos del zancudo transmisor del Dengue.
  • No deben arrojarse a la basura vivos o muertos. Tampoco deben ser lanzados a quebradas, ríos o terrenos baldíos.

www.explorandorutas.com
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El Caracol Gigante Africano (Achatina fulica)