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Tome una gema cualquiera, una esmeralda, un topacio, un zafiro o una amatista, agréguele un par de alas, una cola y un pico... ¡Si puede hacerla volar tendrá entonces entre sus manos lo más parecido a un tucusito!

Los colibríes o tucusitos son aves exclusivas del continente americano, y se distinguen fácilmente por su vuelo característico, su peculiar coloración y lo reducido de su tamaño. A nivel general, los colibríes, que pertenecen a la gran familia Trochilidae, son las aves más pequeñas del mundo; algunas especies sólo tienen alrededor de seis centímetros de longitud y un peso inferior a los cinco gramos.
Muchos son los adjetivos usados para hacer referencia al brillante colorido metálico de su plumaje: bronceado, cobrizo, acerado, dorado... Y en su descripción nunca faltan palabras como refulgente, centelleante, encendido, lustroso o resplandeciente asociadas a la mención de los tonos esmeralda, rubí, azulado o purpúreo que reflejan en el plumaje. Tan notable coloración, sin embargo, no es del todo producida por la pigmentación del plumaje, como ocurre con el resto de la aves, sino que es el resultado de un proceso estructural. Se debe principalmente a la refracción de la luz que incide sobre cada una de sus plumas, las cuales actúan a la manera de diminutos espejitos. Si a lo anterior sumamos que muchas especies de colibríes están adornadas con golas, penachos o plumas alargadas en la cola, algunas muy peculiares por lo demás, podrá entonces entenderse fácilmente la fascinación que tanta gente siente por ellos.
Pero hay más... Los colibríes han sido llamados los acróbatas del vuelo, y no podía ser de otra manera. No existe ninguna otra ave que pueda volar rápidamente en cualquier dirección, incluso hacia atrás, o que sea capaz de mantenerse suspendida en el aire en un mismo lugar; de tal modo que pueden alimentarse del néctar de las flores sin posarse sobre ellas. Esto es posible gracias a que poseen músculos muy poderosos que les permiten batir las alas hasta 80 veces por segundo en un movimiento único entre las aves; lo cual origina el zumbido característico de su vuelo.
Sus picos presentan algunas variaciones en cuanto a forma y tamaño dependiendo del tipo de flor de la cual se alimenta, aunque por lo general es delgado y alargado; en algunos ejemplares es tan largo como la longitud del cuerpo y la cabeza juntos. Sus patas son cortas y débiles, por lo que únicamente las utilizan para posarse y no para caminar.
Son aves muy activas que necesitan consumir gran cantidad de néctar e insectos que atrapan en las mismas flores o en el aire. Muchos se alimentan de flores muy específicas, lo que da a entender la importancia ecológica de esta gran familia como polinizadores. Al alimentarse, una cantidad variable de granos de polen queda adherida a su cabeza y al pico, siendo transportados y depositados luego en otras flores, incluso favorecen la dispersión de ácaros. Por lo general, los colibríes prefieren flores de color rojo, naranja o amarillo.
Los tucusitos habitan en una gran variedad de ambientes, desde el nivel del mar hasta las alturas del páramo, y se distribuyen por todo el continente americano, desde Alaska hasta la Tierra del Fuego; siendo más abundantes en la franja tropical. Generalmente son aves solitarias y muy agresivas en la defensa de su territorio. Forman pareja únicamente durante la época de reproducción, el cual varía de manera notable según el lugar en donde se encuentren. En la actualidad se conocen alrededor de 330 especies, de las cuales 103 habitan en Venezuela y 17 son endémicas de nuestro país.
Los tucusitos son depredados por búhos y lechuzas, así como por mamíferos, serpientes y otros reptiles que buscan su alimento en los árboles, destruyen los nidos y devoran los huevos. Pero las principales amenazas son la fragmentación y destrucción de sus hábitats, y el uso excesivo de pesticidas para el control de plagas. Esto último se debe a la absorción del veneno por parte de las plantas y a la presencia de sus componentes en el néctar del cual se alimentan, lo que ocasiona la fragilidad de la cáscara de sus huevos y la consecuente pérdida.
El nido del tucusito usualmente tiene forma de taza y es construido en las ramas de los árboles o en pequeños huecos de troncos, utilizando diversos materiales como hierba seca, trozos de corteza, fibras, musgo, líquen y telas de araña. Incluso, como en el caso del Ermitaño limpiacasa (Phaethornis augusti), pueden construir su nido en el interior de las casas, colgados de lámparas en habitaciones vacías o poco frecuentadas. La hembra pone normalmente dos huevos de alrededor de un centímetro de alto por medio centímetro de diámetro. El período de incubación dura entre 15 y 21 días y los polluelos nacen sin plumas y con los ojos cerrados. A los dos o tres días les crece un plumón grisáceo que los cubre mientras se desarrollan. La madre los alimenta con néctar regurgitado e insectos, y al mes ya están listos para el primer vuelo.
Para atraer tucusitos a su jardín es necesario que siembre plantas con flores llamativas. Si desea alimentarlos por su cuenta tendrá que adquirir un comedero adecuado que deberá llenar cada cierto tiempo con una simple solución casera de una taza de azúcar disuelta en cuatro tazas de agua hervida. Se deja enfriar a temperatura ambiente y listo.
Texto y fotos: Jesús Osilia
Hermitaño Limpiacasa (Phaethornis augusti)
Arriba y abajo: Hembra de Heliodoxa frentiazul (Heliodoxa leadbeateri)
Amazilia verde-azul (Amazilia saucerrottei)
Chivito de los páramos (Oxypogon guerinii)
Colibrí Coludo Azul (Aglaiocercus kingi)
Ángel del Sol Cuelliocre (Heliangelus mavors)

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