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Fotos y textos: Jesús Osilia /
La población de Chuao está ubicada en el tramo central de la costa venezolana, en el Municipio Santiago Mariño del Estado Aragua. Fue fundada en el siglo XVI, y desde entonces ha gozado de mucho prestigio debido a que sus tierras producen un cacao excelente, de los mejores del mundo.
A Chuao sólo se le puede llegar por mar, veinte minutos en peñero desde Puerto Colombia, pasando el pueblo de Choroní, o bien caminando a través de la montaña. El pueblo, que se localiza al fondo de un valle flanqueado por estribaciones de la Cordillera de La Costa, parece haber sido construido alrededor de un amplio y viejo patio al frente de la iglesia, en donde, por siglos, se ha puesto a secar el grano del cacao. La iglesia, que data de 1785, fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1960. En su interior se guardan valiosas imágenes religiosas pertenecientes a la época de la colonia.
Los pobladores de Chuao, en su gran mayoría, son descendientes de los antiguos esclavos africanos que fueron traídos para cultivar el cacao a comienzos del siglo XVII. Es un pueblo próspero, alegre, cuyos habitantes se dedican a la pesca artesanal, al cultivo del cacao, del plátano y del café; aunque éste último en menor medida. Otros, desde luego, buscan su sustento dentro del sector turismo, el cual ha experimentado un gran crecimiento en la región.
La playa de Chuao es hermosa, espectacular. Se extiende a lo largo de una gran bahía con forma de medialuna, con un pequeño río que desagua hacia la parte izquierda de la misma (visto desde el mar), justo en donde comienza la carretera que conduce al pueblo y se alza el malecón. Ambos extremos de la bahía son rocosos, ya que son los sitios en donde finalizan las montañas que marcan los límites del valle y que se prolongan desde las alturas del Parque Nacional Henri Pittier hasta caer abruptamente al mar. La playa está cubierta de arenas blancas que los pobladores limpian con regularidad para satisfacción del turista. Al fondo de la misma hay cocoteros y otros árboles característicos de las áreas costeras. Esto, a primera vista, pareciera indicarnos el lugar más apropiado para montar las carpas... pero la existencia de un área cenagosa justo detrás de los árboles favorece la proliferación de zancudos y jejenes. Para no pasar un mal rato, si usted piensa acampar, no olvide llevar entonces un repelente para insectos; tanto en crema como en aerosol.
En la playa hay muchos lugares para comer, pero la mayoría no abre sino los fines de semana. Hay también algunas duchas y sanitarios públicos a lo largo de la playa. Para usarlos deberá pagar algo, como contribución para la limpieza.
La distancia entre la playa y el pueblo de Chuao es de cuatro kilómetros, y ambos se conectan a través de una carretera que hasta hace muy poco era de tierra. El camino se interna a través de un valle cubierto por un bosque tropical bastante denso, con árboles de gran tamaño y en medio de amplias plantaciones de cacao y plátano. Para llegar al pueblo, desde la playa, puede tomar un pequeño camión que hace las veces de transporte público o, si lo prefiere, y dada la corta distancia y lo agradable del paseo, puede optar por ir caminando. Es sólo una hora de marcha.
Lo peculiar de éste pueblo, al igual que como ocurre con la vecina población de Cepe, es que ninguno de los dos posee carreteras que los comuniquen con otros centros poblados de la costa o del interior del país. Sin embargo, allí podrá ver motos y camiones recorriendo diariamente el trayecto entre la playa y el pueblo; bien sea llevando personas de un sitio a otro o transportando víveres y mercancías en general. Llevar éstos vehículos allí, por medio de barcazas, ha sido toda una muestra de arrojo y trabajo comunitario.
      Una calle del pueblo                                              El famoso cacao de Chuao                           
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En el malecón y al comienzo de la carretera hacia el pueblo encontrará algunas posadas y restaurantes; un pequeño abasto y un par de licorerías en donde también venden hielo. En el pueblo hay otras posadas (más bien casas familiares que disponen de varias habitaciones y han destinado algunas para alquilar a los visitantes), hay abastos, una medicatura y una biblioteca con conexión a Internet.
Si va en la víspera del Corpus Christi no deje de ver a los Diablos Danzantes de Chuao, son famosos en toda la costa. El origen de ésta celebración no se conoce con exactitud, pero se remonta a la época de la colonia. Es toda una tradición. Otra cosa que no podemos dejar de señalar es que Chuao es uno de los pueblos más seguros del país; sus habitantes se sienten orgullosos de ello y se empeñan en que siga siendo así. Pero Chuao no sólo es playa, es también montañas y selvas... Una visita obligada para quienes disfrutan del ejercicio y el contacto con la naturaleza es ir al Chorrerón; una espectacular caída de agua de unos setenta metros de altura. Se llega caminando a través de la selva, cruzando innumerables veces el río El Duro. El trayecto hasta la cascada es de dos a tres horas, y es recomendable llevar un guía local. Otra ruta interesante, aunque más larga, es el recorrido que se hace a través del sendero Turmero-Chuao. Es una excursión bastante exigente, de al menos un par de días, y que requiere estar en muy buenas condiciones físicas. Un dato interesante para los que gustan de observar aves... El valle de Chuao es una entrada natural para las especies migratorias que buscan internarse en el continente.
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El Chorrerón de Chuao
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