Influencia del bloguero de viajes en los mercados turísticos

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Influencia del bloguero de viajes en los mercados turísticos


Un bloguero (o blogger, en inglés) es una persona que tiene y escribe en un blog –el cual, en esencia, es una publicación digital− y genera información de productos y servicios a través de él y su interacción con usuarios de las redes sociales; compartiendo con ellos experiencias, ideas y opiniones.

Los blogueros −y en particular los blogueros de viajes−, son influenciadores en el mercado de marcas y productos turísticos. Dicho esto, me parece estar escuchando a la Real Academia Española diciéndome que use “influyente” en vez de “influenciador” –que viene de la palabra inglesa influencer− ya que ésta no existe en el idioma castellano. Pero en el mundo de internet y las redes sociales es de uso constante y todos la entienden.

Ciertamente, el bloguero de viajes profesional, el que se dedica casi por entero a esta actividad, es una persona capaz de influir en otras en cuanto a la elección de una marca o producto, servicio o destino turístico.

Sin embargo –de manera contraria a lo que ocurre en Europa y Estados Unidos, y pese al boom de las redes sociales−, en América Latina, exceptuando tal vez a México y Brasil, las empresas de publicidad y las marcas en general no han comprendido el poder de penetración que tiene un blog y la influencia que pueden tener los blogueros en una campaña o estrategia de marketing.

En España, por ejemplo, hay blogueras cuyos comentarios pueden marcar la pauta en el mundo de la moda. Sus niveles de influencia son tan altos que incluso existen agencias de blogueras que gestionan sus compromisos y contratos a manera de representantes artísticos. Y no es porque sean modelos o diseñadoras, simplemente son personas que conocen profundamente el mundo de la moda y sus tendencias. Es su trabajo y cobran altas sumas de dinero por ello. En Chile también ocurre algo similar con las blogueras que escriben sobre moda y belleza.

Por su parte, los blogueros de viajes españoles (y aquí debemos recordar que España es el tercer país más visitado del mundo) también tienen una fuerte presencia e influyen con sus opiniones en las estrategias de promoción turística del país. Muchos se han asociado con miras a la profesionalización de la actividad y el desarrollo de campañas de promoción turística y capacitación de sus integrantes, o de quienes realizan labores de servicio y atención al cliente en empresas turísticas. Que sepamos, ya se han conformado asociaciones de blogueros de viajes en las comunidades autónomas de Madrid, Barcelona, Cataluña, Andalucía, Galicia y Castilla y León.

Básicamente, el bloguero de viajes es una persona que escribe/opina sobre un producto o destino turístico de acuerdo a su experiencia, y no solo porque ha visitado el lugar, sino que se ha tomado el tiempo necesario para hurgar en sus rincones.

Por lo general, el bloguero de viajes −y hablo de quienes llevan muchos años (o mucho kilometraje) en la actividad− posee un profundo conocimiento del tema en cuestión, así como un bagaje cultural bastante amplio producto de la experiencia que ha ido adquiriendo y acumulando en cada uno de sus viajes. Esa experiencia se ve volcada poco a poco en sus escritos, generando contenidos de calidad que son leídos y apreciados por quienes buscan opiniones y valoraciones sinceras, recomendaciones, relatos de vivencias en un destino turístico cualquiera y, más importante aún, consejos o asesoría directa en línea.

La influencia del bloguero de viajes en los mercados turísticos es cada vez mayor, y las sinergias que forjan con viajeros y operadores turísticos a partir de la difusión de contenidos de calidad basados en la experiencia personal (en donde priva la franqueza y el detalle de una vivencia y no la simple promoción del producto) muestran y siguen marcando el auge de la tendencia a nivel mundial.

Cada bloguero escribe de acuerdo a sus gustos y preferencias, enfocándose en un segmento específico dentro de la actividad: viajes de bajo presupuesto, mochileros, mujeres viajando solas, familias viajeras, viajes gastronómicos, ecoturísticos… Y en torno a ellos se va tejiendo toda una comunidad de seguidores interesados por los temas que tratan.

¿Quién mejor para hablar de equipos de alta montaña −por ejemplo−, que el montañista que los ha usado y probado bajo un sinnúmero de condiciones atmosféricas y tiene un blog? ¿Quién mejor para hablar de cámaras y equipos fotográficos que un fotógrafo profesional con un blog? ¿Quién mejor para hablar y opinar de las bondades de un hospedaje en particular, compararlo con otros y hacer una recomendación honesta y efectiva, que el viajero que se ha hospedado en decenas de ellos y vuelca sus experiencias en un blog?

El turista tradicional dice de un hotel que es cómodo y bonito y que le gustó la comida, pero el bloguero de viajes −como viajero experimentado que es− tiene la capacidad de hacer valoraciones comparativas basándose precisamente en su experiencia. Algunos pueden incluso apreciar en detalle el nivel de calidad en cuanto a la atención y buen servicio de un establecimiento hotelero tan solo con sentarse un rato a mirar el movimiento del personal en la recepción y demás áreas comunes; o detectar fallas o puntos débiles en un producto o servicio cuando participa en viajes de promoción turística (blogtrips) organizados especialmente para ellos y otros comunicadores por oficinas de turismo y empresas del sector, y asimismo asesorar o participar activamente en el mejoramiento del producto.

A veces me preguntan si ser bloguero de viajes es un trabajo… ¡Desde luego que lo es! ¿Es bien pagado? No, lamentablemente no. La gran mayoría de los blogueros no pueden vivir de sus blogs. Y no debería ser así, por cuanto el bloguero invierte mucho tiempo y recursos propios en el desempeño de la actividad. Inclusive, hay quienes critican al que pretende recibir un pago o compensación por lo que hace, alegando que eso iría en contra de la esencia de ser un blogger

La idea general −aún hoy, a más de veinte años del surgimiento del primer blog personal− es que el bloguero es una persona que simplemente ocupa sus horas de ocio escribiendo sobre cualquier tema por el simple hecho de que le gusta.

Efectivamente, en algún momento todos encajamos en esa definición, porque todos los blogueros tuvimos el mismo comienzo. Pero veamos el asunto de este modo: Deportistas, actores, actrices y modelos venden su imagen para la promoción de marcas y cobran sumas millonarias por hacerlo, más aún cuando manifiestan una opinión a favor del producto. Y nadie los critica por eso.

El bloguero de viajes podrá no tener la misma fama o cantidad de seguidores que poseen aquellos, pero por lo general tiene una presencia bastante fuerte en internet y en las redes sociales. Sus blogs pueden recibir 75.000 visitas al mes y más, mucho más, y varias decenas de miles de seguidores en sus redes sociales.

Por otra parte, y de manera conjunta con la promoción de un producto o destino turístico −ya sea porque nos guste o nos paguen por ello−, el bloguero de viajes aporta directa o indirectamente la prestación de un servicio gratuito de guiatura y asesoría a sus lectores a través de la natural interacción que tiende a darse entre ellos.

Obviamente, y dificulto que alguien pueda poner objeciones a esto, las empresas o marcas comerciales que quieran promocionar un producto dentro de la comunidad forjada por el bloguero alrededor de su blog y en los espacios que tiene en las redes sociales, tienen que pagar por la contratación de sus servicios (porque en el fondo el bloguero es un prestador de servicios) para entrar en ese nicho o segmento de mercado.

Teniendo esto claro, vemos ahora que entra en juego un factor muy importante a tener en cuenta por el propio bloguero: la credibilidad ante sus lectores. Con sobrada razón, muchos podrían pensar que al haber un pago de por medio la opinión libre del bloguero quedaría a un lado, y sus artículos pasarían a la categoría de páginas publicitarias o posts patrocinados.

Ocurre también lo siguiente: Casi siempre, cuando un bloguero es invitado a un blogtrip, los gastos de pasaje, comida y alojamiento superan por mucho lo que cobra por escribir y publicar un artículo en su blog (alrededor de 100 o 200 dólares). Este es un punto a favor para las empresas que buscan publicitar en los blogs, y lo entendemos. Pero también es cierto que no solo de invitaciones y viajes gratis vive el bloguero. Detrás de él seguramente habrá una familia que debe mantener y muchas cuentas por pagar, así que un pago adicional con dinero en efectivo siempre es y será bienvenido.

En muchas ocasiones nos hemos hospedado por cuenta propia en un hotel que al final nos ha gustado tanto que decidimos escribir sobre él sin mediar pago o compromiso alguno. En otras, se nos ha pedido que escribamos un artículo a cambio de un pago en efectivo o a manera de intercambio (alojamiento y comida por publicidad o presencia en el blog). En tales ocasiones, si el hotel es de nuestro agrado, si nos gusta la atención y la comida, pues entonces no hay ninguna razón para no hacerlo y recibir un pago en compensación.

Ahora bien, si hay algo que no nos gusta, lo primero que hacemos, antes de publicar el post, es hablar con los dueños o encargados del negocio a fin de indagar si están trabajando para solucionarlo o mejorarlo, y así lo dejamos asentado al publicar el artículo. Si el lugar o servicio definitivamente no nos gusta, pues simplemente rechazamos la oferta y no hablamos sobre él.

Hay quienes de todos modos aceptan la oferta y escriben un artículo edulcorado que publican bajo una simple nota al comienzo del texto: “Anuncio publicitario” o “Post patrocinado”. Así, advierten al lector sobre la naturaleza del escrito y conservan la credibilidad y confianza que les han dado. Es una opción válida.

En cuanto a nosotros, cuando el lugar es de nuestro completo agrado, incluimos una breve frase al final del texto que dice claramente: ¡Lo recomendamos!

Para finalizar (porque el post ha estado bastante largo), debo ser enfático al señalar que lo que el lector espera de un bloguero de viajes, ante todo, es honestidad. Que diga lo bueno y lo malo de un producto o sitio turístico, lo que le gustó y lo que no. Y que presente propuestas de valor basadas en experiencias auténticas. Así, el bloguero de viajes viene a ser un factor esencial para el desarrollo de productos turísticos identificables que permitan o contribuyan en la consolidación de una marca país.

Por ello, el bloguero de viajes tiene que ser valorado en su justa medida por la industria del turismo en general.


Jesús Osilia | Travel blogger / Fotógrafo/ Content Creator & Community Manager en ExplorandoRutas.com Miembro de la Asociación de Blogueros de Viajes de Chile (AChileTB)


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