Esos irreprimibles deseos de viajar

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Esos irreprimibles deseos de viajar |




Acerca del Wanderlust y los irresistibles deseos de viajar

/ Por Jesús Osilia | Travel blogger


Todos en alguna ocasión nos hemos despertado cansados y sin ánimo en la mañana, tanto es así que levantarse de la cama se torna difícil y lo hacemos de mal humor. Solo después de apurar un café nos damos cuenta que sentimos también como una extraña picazón en los pies y un deseo irreprimible de tomar una mochila y dejar atrás (muy atrás) el estrés del trabajo y el rutinario y agobiante ritmo de la ciudad para lanzarnos a recorrer otros caminos y conocer nuevos horizontes, de aventurarnos por cuenta propia en un viaje a Tailandia, por ejemplo, a Indonesia, Camboya, Vietnam o a cualquier otro lejano país del sudeste asiático, tan ricos en cultura como exóticos para quienes vivimos por estos lares.

Si esto les llegara a ocurrir (manténganse atentos y verán que suele suceder con mayor frecuencia entre lunes y viernes) pueden estar seguros, sin necesidad de ir a consulta médica, que están comenzando a sufrir de algo que en la jerga viajera se conoce simplemente como Wanderlust.

No hay palabra alguna en el idioma castellano que traduzca fielmente todo lo que engloba este término extraído de la lengua inglesa y con raíces alemanas que se originó a partir de las palabras wandern –que significa caminata en alemán– y lust, que significa deseo en el mismo idioma.

Pero la connotación va más allá, y wanderlust describe entonces un fuerte deseo o impulso de caminar, de viajar y explorar el mundo. Es una sensación que te invade y empuja a recorrer caminos ya conocidos o por conocer, que te impulsa a no quedarte mucho tiempo en una misma ciudad habiendo tantos caminos que parten de ella para conectar con otros pueblos y ciudades, o senderos que muchas veces nos llevan a conocer rincones maravillosos.


| Leer también: Espíritu wanderlust y viajeros dromomaníacos |


Ryszard Kapuściński –escritor y poeta polaco– describe esos irreprimibles deseos de viajar de este modo: “…el viaje no empieza cuando nos ponemos en ruta ni acaba cuando alcanzamos el destino. En realidad empieza mucho antes y prácticamente no se acaba nunca porque la cinta de la memoria no deja de girar en nuestro interior por más tiempo que lleve nuestro cuerpo sin moverse de sitio. A fin de cuentas, lo que podríamos llamar «contagio de viaje» existe, y es, en el fondo, una enfermedad incurable.”  (Viajes con Heródoto, 2007).

Wanderlust puede reflejar además una intensa urgencia de desarrollo personal experimentando lo desconocido, afrontando retos imprevistos y conociendo otras culturas y estilos de vida.

Hay quienes lo describen de manera mucho más romántica como un sentimiento de añoranza por los lugares en donde no hemos estado antes.

Para mí, viajar es más que hacer turismo. Es llenarse de nuevas energías, es depurar y alimentar el espíritu, es vivir disfrutando de la vida. Cuando viajamos nos ponemos en contacto con realidades distintas a las nuestras y ampliamos nuestra visión del mundo, lo que nos hace más tolerantes y flexibles ante todo aquello que consideramos foráneo. Ya lo decía Mark Twain: “Viajar es malo para el prejuicio, la intolerancia y la estrechez de mente”.

No concibo nada mejor que un viaje de larga distancia para entrar en contacto con culturas y estilos de vida extraños a los nuestros. Y en los tiempos que corren, por lo demás, tales viajes resultan muy fáciles de planificar y realizar, ya que podemos conseguir tours adaptados a nuestros intereses y presupuestos con una simple visita a sitios web especializados precisamente en la organización de viajes de larga distancia.

Si me preguntan, les diría que todos deberíamos hacer un viaje largo al menos una vez al año, o cada dos. No esperen a que el wanderlust se ponga intenso, hagan sus maletas y disfruten de ese viaje a Tailandia que tanto han soñado, o vayan a conocer las paradisíacas playas de Costa Rica, o recorran en auto la Riviera Maya, la carretera austral en Chile o la Ruta 40 en Argentina…

Pero si la idea es escapar un rato de la rutina diaria para disminuir el estrés y el wanderlust que los atormenta –cual pañito caliente que alivia de manera temporal– basta con tomar un autobús cualquier fin de semana y salir de la ciudad para conocer los lugares cercanos a ella (de seguro habrá muchos), hacer una larga caminata, subir una montaña, probar un plato típico… Hay tantas opciones como gustos y lugares por conocer.

Sea como sea, lo importante es viajar.


El Wanderlust y esos irreprimibles deseos de viajar

por Jesús Osilia | Promotor turístico y bloguero de viajes.


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