Apasionados por los aeropuertos

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Apasionados por los aeropuertos

Blogueros de Viajes y Spotters, auténticos apasionados por los aeropuertos.


La pasión por viajar en avión

No es fácil describir la emoción que siento al momento de pisar un aeropuerto y tomar un avión, una emoción que comparto con muchas otras personas que he tenido el gusto de conocer desde que llegué a Chile.

Y no hablo de angustias ni del temor a volar, sino de euforia y pasión, del entusiasmo de viajar y vivir para ello.

Así, cada vez que cruzo o más bien cruzamos las puertas de un aeropuerto nos invade un inusitado frenesí. Es el regocijo desbordado ante el comienzo de un viaje, el interés y la expectación ante un nuevo destino, exótico, ansiado, desconocido…

Pero cuando alguien junta a un grupo de blogueros de viajes –que por definición y naturaleza son viajeros apasionados– y los invita a una actividad cualquiera en el interior de un aeropuerto que no sea abordar un avión para viajar, es mejor que tome asiento y observe atentamente sus reacciones; ya que éstas pueden ser divertidas.



Por ejemplo, en días pasados un grupo de periodistas de turismo y blogueros de viajes fuimos convocados por el consorcio Nuevo Pudahuel a una reunión para conocer el proyecto de ampliación y mejoras del Aeropuerto Internacional Comodoro Arturo Merino Benítez en la ciudad de Santiago, Chile, y no habíamos terminado de cruzar la puerta del aeropuerto cuando ya se escuchaban suspiros y lamentos.

Fran Opazo −una viajera frecuente que escribe para La Vida Nómade− se veía inquieta y respiraba profundo a los cuatro vientos como para llenar sus pulmones de aeropuerto. Estaba en su elemento, lo sabía, pero a la vez sentía que no lo estaba. A Francesca Norero –quien escribe en Pasaporte sin destino– sus ojos, y el alma con ellos, se le iban detrás de cada maleta que pasaba rodando a su lado, mientras Victoria Soto –youtuber y bloguera de NutriTraveler– reía nerviosamente para no llorar.

Había una sensación como de cosa rara en el ambiente y todos comentaban y bromeaban de lo extraño que se sentía estar en un aeropuerto y no llevar pasaporte ni maletas, y peor aún, no salir de viaje.

A riesgo de parecer exagerado, se podía incluso percibir la manera en que a todos se les aceleraba el pulso (y aquí me incluyo) cuando se escuchaban los llamados para abordar cada vuelo. Y no solo eso, el rugido de los motores al momento del despegue era acompañado invariablemente por un coro in crescendo de suspiros y respiraciones entrecortadas.

Sí, yo también me sentía fuera de mi elemento, y ahora que escribo estas líneas comprendo bien la razón por la cual Nicole Etchart, de Viajando lento, se excusó diciendo que no podía asistir. No la culpo, tal vez sabía que no lo habría podido resistir.

Con nosotros también estaban Felipe Cuadra, de la revista de turismo GAO, y Sebastián Abeliuk, periodista especializado en turismo que escribe en Soltarcabos, entre otros blogueros y reporteros de un canal de televisión.

Poco después llegó Ricardo Delpiano, quien escribe en el blog “Desde SCL” y tuvo la gentileza de contactarnos para la reunión con Branko Karlezi, subgerente de comunicaciones del aeropuerto.

Apasionados por los aeropuertos: Spotters en el aeropuerto de Santiago

Repentinamente el hall se llenó con 50 o 60 individuos de otra especie bastante peculiar de la fauna que deambula por los aeropuertos de casi todas las grandes ciudades del mundo: los Spotters.

Los spotters son fotógrafos con una especial afición por los aviones (también hay spotters de barcos y de trenes), que se reúnen para observar y fotografiar la salida y llegada de aeronaves y se mantienen a la caza de cualquier nueva aerolínea, modelo de avión o cambios surgidos en el esquema de pintura o matricula de los mismos.

Con las cámaras colgadas al cuello y portando chalecos reflectantes amarillos, los spotters llegaron uno tras otro y comenzaron a rodearnos, muchos eran adolescentes y entre ellos había una que otra chica con su cámara en mano.

En ese momento no lo sabía, pero los spotters tenían una actividad conjunta a la nuestra, aunque de ello hablaré en otro post.

Lo que sentí ese día −confusa mezcla de ilusión, ansiedad, alegría y melancolía−, y no obstante los comentarios y bromas surgidas y risas provocadas, me hizo recordar las veces que salí de viaje por un terminal aeroportuario que con el tiempo llegaría a ser tristemente conocido como “el aeropuerto de las despedidas”.

Me refiero al Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, en Maiquetía, el principal terminal aéreo de Venezuela, mi país. La grave crisis que hoy afecta a Venezuela −causada por un gobierno autoritario, corrupto e incapaz− ha obligado a decenas de miles de venezolanos a dejar su país y partir con otros rumbos.

Así, el llamativo piso cromático (obra del artista plástico Carlos Cruz-Diez) que cubre el hall central del terminal internacional y caracteriza al aeropuerto de Maiquetía, se convertiría en una especie de frontera, una línea que muchos desean cruzar o se han visto forzados a hacerlo en los últimos años.



Sin embargo, no es fácil pararse en ese lugar y mirar la vida que uno deja atrás, la familia, los amigos, los lugares predilectos, los recuerdos de la infancia… Es también una línea que muchos ansían poder cruzar de vuelta, algún día, para ayudar en la reconstrucción y puesta en marcha del país.

Sí, los aeropuertos generan pasiones y transmiten emociones, para algunos más intensas y profundas que para otros. De eso no tengo ninguna duda, como tampoco la tengo de que los blogueros de viajes arriba mencionados, y los que eventualmente lean este post, lo pensarán dos veces antes de pasar por una experiencia similar: ir al aeropuerto para no volar.

Por último, debo señalar que como toda película de Disney, ningún ejemplar de la fauna aeroportuaria aquí señalada sufrió daños o maltratos reales durante la realización del mencionado evento.


Jesús Osilia | Travel blogger | Miembro de la Asociación de Blogueros de Viajes de Chile (AChileTB).


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